“Una noche sin luna”: una comedia que apunta a poco y consigue mucho

El debut del director Germán Tejeira es más que auspicioso, además de una gran forma de continuar para la productora Raindogs luego del éxito de Anina

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Puntaje: 9
Puede que el cine uruguayo esté lejos todavía de componer una filmografía variada y no tan encasillable en el bajón-gris-invernal; sin embargo, hacia eso se está trabajando. Como muestra se pueden ver las películas de ficción que se han estrenado en lo que va del 2015: la primera, Los enemigos del dolor, encaja más en el estereotipo pero es inclasificable; la segunda, El 5 de Talleres, es más argentina que uruguaya tanto en capitales como en tono; y la tercera, Dios local, es un filme de terror puro.
La cuarta, Una noche sin luna -debut como director de Germán Tejeira-, es un triunfo más en esa dirección: un filme típicamente uruguayo en su sencillez, su poca ambición y su búsqueda de la vida tranquila de pueblo del interior, y a la vez una obra que escapa del pesimismo onettiano, del gris-con-tintes-de-comedia que supo ser la norma. La primera película no animada de la productora Raindogs Cine (que produjo Anina en 2013) es en cambio tierna, cómica, una de esas historias en las que pasa poco en la superficie pero que tienen mucho en el fondo y dejan con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
La película persigue a tres protagonistas hombres cuyas historias convergen en el pueblo de Malabrigo en fin de año: Marcel Keoroglian como un taxista que va a pasar el 31 a lo de su exmujer para ver a su hija, Roberto Suárez como un mago contratado para la fiesta principal del pueblo al que se le queda el auto en la ruta, y el cantante argentino Daniel Melingo como un músico que sale de la cárcel con permiso de trabajo para actuar en la misma fiesta. A ellos se suma Elisa Gagliano como la empleada del peaje al que el personaje de Suárez va a pedir ayuda.
Historias mínimas pero bien contadas, que duran lo que tienen que durar y pueden vincularse con cuentos como los de Raymond Carver, esos en los que pasa poco y pasa mucho a la vez. Los cuatro actores están a la altura de lo que se exige de ellos, con un Melingo que consigue un momento mágico cuando toma su guitarra, un Keoroglian que es una revelación en un rol que evita su habitual histrionismo en favor de una actuación contenida que aporta profundidad a los momentos cómicos, y un Suárez que destaca como el más técnico de los tres. Gagliano está más volcada a una actuación inexpresiva, aunque no por eso su interpretación choca con su personaje y las emociones contradictorias que atraviesa.
Y si bien es una película que reposa sobre todo en los hombros de sus actores, Germán Tejeira consigue también una fotografía de gran belleza que funciona como el marco ideal para las historias. Malabrigo aparece como un pueblo humilde y no por eso decadente, sino todo lo contrario: sus parque de diversiones pequeño, su peaje ínfimo y su fiesta sin ningún tipo de lujos son empleados con un objetivo cómico, sí, pero no en tono crítico ni de burla, y terminan pareciendo lindos a su manera. Es una localidad pacífica aunque no aburrida, mucho más El viaje hacia el mar que 25 Watts.
Una noche sin luna apunta a la sonrisa y no a la carcajada, y triunfa ampliamente. Pequeña, contenida, tierna, divertida; una comedia muy uruguaya a su manera.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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