The Crown: una delicia para los anglófilos

La serie creada por Peter Morgan para Netflix es una producción de altísimo nivel
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Puntaje: 8.5/10
Al igual que los períodos de su homónima Elizabeth I en el siglo XVI y de la reina Victoria en el XIX, el de Elizabeth Windsor ha sido un período de florecimiento de las artes -en particular la música- y de desarrollo económico e industrial, luego de los destrozos de la Segunda Guerra. Sin embargo, y como explica con más profundidad este análisis de Vulture, en lo previo su reinado no parecería ser fuente de buena televisión: sí estuvo espolvoreado de escándalos y drama, aunque jamás esto la tocó a ella sino al resto de su familia. Elizabeth siempre emergió como una figura estoica, de perfil bajo, eterna. Es decir, no muy televisiva. Aun así, The Crown, la serie de Netflix estrenada este mes, es de visión obligada para cualquier anglófilo.
En ella se representa el ascenso a la corona de Elizabeth y sus primeros años al frente del Reino Unido, mientras se acostumbra a su nuevo poder y a cómo emplearlo. La conversión de una mujer que no es -en apariencia- excepcional en una monarca y prácticamente una diosa, los juegos políticos en los que se ve inmersa, la relación con su padre -George VI, el de El discurso del rey-, las nuevas dinámicas de la familia real británica en la era de las celebrities, los escándalos, la relación con su marido Philip: de todo ello el creador Peter Morgan extrae todo el jugo que puede, y lo hace con maestría.
Morgan es un entusiasta de la realeza, que ya representó en cine con la película La reina y en teatro con la obra The Audience (en ambas ocasiones con Helen Mirren en el rol de Elizabeth II), y si bien en su rol de único guionista acreditado se ve obligado a inventar gran parte del trasfondo íntimo, lo hace con tanto respeto como coraje. No es una serie que invite al binge-watching, es decir a tragarse la temporada de una sentada, pero de todas maneras engancha de verdad.
Además de la mano firme de Morgan, hay que destacar la producción fantástica de la que se convirtió en la serie más cara de Netflix hasta el momento, con unos rumoreados 130 millones de dólares de presupuesto. También el trabajo de los directores, entre ellos Stephen Daldry (el de El lector Billy Elliot), encargado de los dos primeros episodios y así de establecer el look de mucho lujo y colores algo desaturados que tiene la serie en su conjunto, y sobre todo el de los actores. Son ellos los verdaderos héroes de The Crown: todas las performances son destacables, y algunas de ellas deberían ser bañadas de premios.
Jared Harris no tiene nada que envidiarle a Colin Firth (que ganó un óscar por el mismo papel) en el rol de George VI, y se agradece cada vez que retorna a la pantalla; Matt Smith (el undécimo protagonista de Doctor Who) interpreta con carisma amplio y un dejo de desagrado a Philip, el marido rebelde de la reina; la actriz de teatro Vanessa Kirby imbuye de sensualidad y espíritu juvenil a la princesa Margaret, cuya relación con un hombre divorciado sacude a la realeza; y Eileen Atkins se roba las escenas como la reina Mary, la abuela de Elizabeth, en un rol que tiene mucho del de Maggie Smith en Downton Abbey.
Entre todo el reparto, son dos los jugadores que más hay que resaltar. Claire Foy es la encargada de ponerse la corona, y hace un esfuerzo magnífico con lo poco que tiene para trabajar: Elizabeth fue educada durante toda su vida para no destacar, para no hacer nada y de todas maneras ser el símbolo del poder máximo del Reino Unido; para evitar de todas las formas posibles que su verdadero yo -Elizabeth Windsor- salga a la luz por encima de su yo reina -Elizabeth Regina-. Todas las emociones que borbotean dentro de la joven reina pasan por el rostro de Foy, que jamás tiene una escena de esas que garantizan los premios, sino que triunfa justamente por mantenerse contenida y aun así brindarle a Elizabeth el poder que merece. Es un personaje femenino fuerte sin caer en ninguno de los lugares comunes que eso presupone.
El otro es John Lithgow, uno de esos actores reconocibles aunque no se les recuerde el nombre (estuvo en Dexter y en Interestelar, por nombrar un par de sus trabajos), y que aquí interpreta a Winston Churchill con una exageración acorde al rol y con la sensación constante de que se está divirtiendo mucho con el material que le toca. Para una serie que no tiene demasiado de cómica, el Churchill de Lithgow es un toque de comedia muy bienvenido y una fuente de escenas memorables, con el histórico primer ministro de regreso en el cargo y en plena negación de que se encuentra en sus últimos días de servicio (Churchill perdió las elecciones inmediatamente posteriores al final de la Segunda Guerra Mundial, y retornó al poder cinco años más tarde, ya al borde de los 80). La de Lithgow es una actuación de aquellas.
En principio The Crown está planteada con seis temporadas que recorrerían de punta a punta la vida de Elizabeth, cuyo reinado superó en 2015 al de la reina Victoria para convertirse en el más extenso de la historia del Reino Unido. Materia prima hay de sobra, y nivel de producción también.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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