The Revenant: una salvaje historia de amor

El último film del mexicano Alejandro González Iñárritu se perfila como una de las mejores películas del año
the revenant
Quien vea The Revenant: el renacido o simplemente acceda al tráiler del film, probablemente se sentirá incómodo con el título de esta nota. La película protagonizada por Leonardo DiCaprio (que encarna a Hugh Glass) puede ser interpretada como una survival movie o llegado el caso, lisa y llanamente como una película de acción (teniendo en cuenta la cantidad ingente de sangre que se derrama en las dos horas y media de duración). Pero la verdad es que hay algo que late bajo la violencia y la lucha de Glass por sobrevivir a las condiciones extremas en que se encuentra; y es la fuerza que lo mueve a no dar el brazo a torcer, a pesar de que pareciera que no hay nada por lo que seguir respirando. Esa fuerza no es otra que el amor por su hijo, que justifica toda su peripecia a través de más de 300 kilómetros en el invierno inhóspito del oeste estadounidense.
Como parece ser la norma en el cine del s. XXI, The Revenant está inspirada en hechos reales: en los años 20 del siglo XIX, el explorador HughGlass fue atacado por un oso grizzly y logró sobrevivir. Eso dio lugar a una novela escrita por Michael Punke, que según varios críticos de la época, exageró la historia para impresionar a sus lectores y causar cierta conmoción. Pues bien, Punke se quedó corto al lado de González Iñárritu en cuanto a lo de exagerar.
La película se ubica en el oeste todavía salvaje de Estados Unidos, donde un grupo de cazadores se encuentra en una expedición de seis meses en busca de pieles. Entre los cazadores se encuentra Glass, un hombre caucásico, unido a una nativa americana desde hace varios años, y por tanto conocedor del territorio donde se desarrolla la expedición. Los cazadores son emboscados por un grupo de indígenas, lo que da lugar a una de las escenas mejor logradas del film.
El director, en conjunto con el director de fotografía Emmanuel Lubezki, utilizan un plano secuencia (técnica que desarrollaron juntos con maestría en Birdman, filmada enteramente con esta modalidad) para lograr captar el caos y la violencia extrema de la situación en no más de tres o cuatro minutos. Con encuadres que se cierran en una cara que al siguiente segundo es atravesada por una flecha, para luego moverse irregularmente hacia una mano que aprieta el gatillo de un fusil que se descarga en el pecho del enemigo, González Iñárritu coloca al espectador en el seno de la batalla y consigue que se liberen cantidades industriales de adrenalina.
Los pocos supervivientes a la emboscada son obligados a huir por el río, para luego continuar su travesía a pie. Es allí donde ocurre la escena en que Glass se enfrenta al oso grizzly y que DiCaprio no dudó en catalogar en una entrevista reciente como “una de las escenas mejor logradas de la ingeniería cinematográfica”. La verdad es que el actor no exagera: el crudo realismo de la escena paraliza a cualquiera. Como consecuencia del ataque del oso, Glass queda en una condición sumamente crítica, por lo que rápidamente se vuelve una carga para sus compañeros, que aun huyendo de la inminente aparición de los indígenas, deben cargarlo en una camilla improvisada con maderas. Aquí se destapa el personaje de Tom Hardy (Bane en El caballero de la noche asciende, Mad Max en la última entrada de la saga, Furia en la carretera), John Fitzgerald, que insiste en abandonar al hombre medio muerto a su suerte ya que representa un lastre para el resto. En este sentido la película es bastante sencilla. Los personajes son ciertamente planos, sus motivaciones (dinero, venganza, amor) están todo el tiempo a la vista y no hay ases bajo las mangas o giros de tuerca que impacten.
Teniendo en cuenta la disyuntiva planteada por Fitzgerald, el capitán de la expedición Andrew Henry (el ascendente Domhnall Gleeson, que estuvo recientemente en la última Star Wars y en Ex Machina) decide dejar una pequeña comitiva (integrada entre otros por Fitzgerald) para aguardar la muerte del maltrecho Glass y darle un entierro decente cuando llegue la hora.
Algunas críticas negativas hacia The Revenant indican que a la película le sobra por lo menos media hora. Es una crítica atendible, luego de la emoción del comienzo con la emboscada y el ataque del oso, se entra en un bache que es la parte propia de la supervivencia de un hombre que a duras penas se puede mover y no puede hablar, por lo que escasean los diálogos y la costumbre al ritmo frenético de Hollywood quizá pueda generar aburrimiento por momentos. Además González Iñárritu parece ensañarse con su personaje y lo hace pasar por todo tipo de violencias, que en cierto punto parecen demasiado y pueden llegar a exasperar.
No obstante, el mexicano es un gran director y tiene algunos pasajes geniales aunque difíciles de advertir. Por ejemplo el montaje metonímico que va del aliento de Glass que empaña la cámara, a la niebla que se acumula en la cumbre de una montaña, para terminar en el humo del cigarro de Fitzgerald: es pura poesía cinematográfica.
Un aspecto que se ha destacado del film, es la decisión del director de filmar absolutamente todo con luz natural.Esto quiere decir que no se utilizan pantallas verdes y son contados los efectos especiales. Por eso mismo la filmación dependió exclusivamente de las condiciones climáticas y del inmenso talento de  Lubezki, a quien hay que ponerle todas las fichas en la próxima entrega de los Premios Ócar como mejor fotografía (un reconocimiento que obtuvo en 2014 por Gravedad y en 2015 por su ya citado trabajo en Birdman). Al respecto comentó González Iñárritu en una entrevista con El País de Madrid: “¿Cómo iba a utilizar luz artificial en estos parajes? Estaba decidido a aplicar lo que aprendí con Birdman, una fluidez que busqué haciendo pocas tomas a la hora correcta. Fue como una función teatral siempre al filo del fracaso”.
La mayoría del rodaje se desarrolló en Estados Unidos y Canadá, pero cuando en el hemisferio norte comenzó a derretirse la nieve, la producción tuvo que trasladarse al sur argentino para filmar las últimas escenas.
Las condiciones climáticas fueron uno de los mayores desafíos para los actores, El propio DiCaprio declaró que sin dudas fue la película más exigente que tuvo que hacer. Y es que se vieron constantemente expuestos a temperaturas bajo cero y hay algunas escenas que son bajo el agua, por lo que el carilindo tuvo que hacer frente a alguna que otra gripe, por no mencionar la ingesta de un riñón de bisonte, porque el de utilería “no se veía lo suficientemente realista”.
The Revenant cuenta con doce nominaciones al Óscar, entre las que se encuentra la de Mejor actor, premio esquivo para DiCaprio. Aunque probablemente no sea el mejor papel de su carrera (basta con verlo en El lobo de Wall Street, o en La isla siniestra, donde puede desplegar con mayor fineza su histrionismo), quizá sea el momento de que la academia se saque el sombrero de una vez por todas ante este gran actor que lejos quedó de aquel muchachito un tanto insípido de Titanic.
Rodrigo Justo

One comment

  • Jorge  

    Todavía no la vi pero estoy enfermore por verla. Tanto director como actor son unos capos. Y la criticaria como siempre muy buena.

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