Rápidos, furiosos, geniales

La séptima entrega de la franquicia Rápido y furioso está dedicada al fallecido Paul Walker, pero eso no la hace menos divertida y ridícula
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Puntaje: 8.5
¿Quién es el héroe de acción por excelencia de lo que va del siglo XXI? ¿Vin Diesel? ¿Dwayne “The Rock” Johnson? ¿Jason Statham? ¿O Michelle Rodríguez? Porque Rápido y furioso 7 da la chance de descubrirlo. Sin ningún tipo de interés en ser realista, sino ridícula, divertida y adrenalínica, la última entrega de la saga pone a la banda de Dom Toretto (Diesel), que tiene al superpolicía Hobbs (Johnson) como un aliado, contra el imparable inglés Deckard Shaw (Statham). Y está más que a la altura de lo que esa sinopsis puede proponer: incluso contiene un homenaje sentido a Paul Walker, fallecido durante el rodaje. ¿Quién iba a decir que una Rápido y furioso podría algún día tener un golpe emotivo?
La saga entera de Rápido y furioso merece un análisis para cualquier entusiasta del cine de acción. Sus responsables fueron depurando los ingredientes que podrían haberla hundido y consiguieron que fuera mutando con cada edición. No tiene siete películas porque sí, ni las tiene porque tenga una historia complicada que necesite de varios capítulos para resolverse. Las tiene porque la saga empezó como una película sobre carreras de autos y cuando estaba a punto de quedarse sin nafta (aplausos por esa analogía) viró hacia un terreno de entretenimiento puro, de acción ruidosa y sin mayores mensajes profundos que hoy está bastante despoblado. Después de la terrible Rápidos y furiosos en 2009, comenzó un período de gloria para Toretto y los suyos. La séptima entrega merece la distinción de ser tal vez la mejor de todas.
En la película anterior, la banda de Toretto, Brian O’Conner, Tej Parker, Roman Pearce y Han Soeul tuvieron la oferta de Hobbs de quedar con sus antecedentes limpios si antes lo ayudaban a detener al criminal británico Owen Shaw. Rápido y furioso 7 tiene entonces la mejor introducción de un villano que se puede pedir cuando Deckard, el hermano de Owen, lo visita en el hospital, jura venganza, y poco a poco se revela que destruyó medio edificio y liquidó a no menos de quince policías en el camino hasta la habitación. Sin necesidad de mostrarlo luchando, Shaw aparece como un rival formidable. Y Statham (El transportadorCrankSnatch: cerdos y diamantes) convierte al personaje en una amenaza real. Uno a uno, Shaw empieza a atacar a los miembros de la banda que dejó a su hermano internado y los fuerza a volver a las andanzas para detenerlo.
Y “volver a las andanzas” significa en este caso las secuencias de acción más increíbles que se puedan pedir, desde un auto que salta de una torre altísima a otra en Abu Dhabi hasta un grupo de autos que se tiran en paracaídas de un avión. La dirección de James Wan es estilizada, innovadora y atrevida. En su primera película importante fuera del género de terror (en donde creó El juego del miedoLa noche del demonioEl conjuro) Wan se sigue probando como uno de los realizadores más subvalorados de la industria. Si los Óscar no se comieran el cuento de que las buenas películas son únicamente las serias, Wan debería estar nominado por su trabajo en este filme. Incluso logra extraer momentos emotivos del rostro de piedra de Vin Diesel, y si bien la despedida a Walker no es nada sutil, sí es coherente con el funcionamiento de la saga.
No es que el guion sea la gran cosa en términos generales -la trama gira alrededor de una hacker a la que el grupo debe rescatar de terroristas africanos para poder utilizar un programa de su invención, el “Ojo de Dios”, para encontrar a Shaw-, pero sí lo es en los detalles. Es una catarata de chistes y momentos geniales, exprimidos hasta la última gota por el elenco de personajes secundarios de Ludacris, Michelle Rodríguez, “The Rock” Johnson y sobre todo Tyrese Gibson, un tipo que le saca lustre a cualquier chiste. Hasta aparece Kurt Russell, héroe de acción ochentoso en su papel de Snake Plissken en Escape de Nueva York y más recientemente actor de Tarantino en Death Proof, en esta ocasión como un viejo policía que le informa a Toretto de la existencia del Ojo de Dios.
Rápido y furioso 7 no va a cambiar el cine y tampoco tiene la menor intención de hacerlo. Todo lo contrario: pretende que pases un buen rato entretenido y lo consigue con éxito superlativo. Es la despedida que se merece Walker, introducido en las escenas que le faltaba filmar de manera digital (gracias al trabajo de Weta, la empresa de efectos por computadora que creó a Gollum en El señor de los anillos y al mono César en las últimas de El planeta de los simios) o gracias a sus hermanos, que lo sustituyeron sin que se note -una vez más, cortesía del gran trabajo como director de Wan-.
Si después de verla no te ponés triste cada vez que escuches esta canción…
…entonces puede que este cine no sea para vos. Para los demás, Rápido y furioso 7 tiene un valor extra.
El tráiler:
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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