¿Qué te pasó, The Walking Dead? Antes eras chévere

La séptima temporada de la serie de zombies es una decepción sorprendente y le queda un episodio este domingo para redimirse antes de la pausa de fin de año
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Foto: @WalkingDead_AMC
Los fanáticos de The Walking Dead han salido adelante tras el sopor de la granja de Hershel o la ridiculez de la muerte de Beth en aquel hospital. Son fans acérrimos. Pocas series crecen con la firmeza con lo que lo ha hecho el show basado en los cómics de Robert Kirkman, con números de rating nunca antes vistos para un programa de cable. Hay que hacer fuerza para tirarlos abajo… Y este año, The Walking Dead está haciendo todo lo posible para eso. Finalmente lo está logrando, con caídas en picada de su audiencia que nunca había sufrido. Todo esto cuando construyeron expectativa para el nuevo villano, Negan, durante más de un año; cuando él está en todos los pósters con la frase “recién estamos empezando” y una sonrisa desagradable en el rostro. ¿Qué pasó?
Momento primera persona: soy un gran fan de The Walking Dead en su versión televisiva, y un consumidor novel de su versión en cómic. En esta no llegué todavía a la introducción de Negan, por lo que no puedo comparar las dos formas en que se ha contado la historia. Sí puedo decir que es la primera vez en que preferiría hacer otra cosa que sentarme a ver el nuevo episodio del show. Lo hago porque espero que vuelva a su nivel anterior. No es culpa de Negan en sí, si bien la actuación de Jeffrey Dean Morgan no me termina de cerrar. Ni siquiera es culpa de la decisión ya criticada hasta el límite de matar a un personaje al final de la sexta temporada sin revelar quién era. O de la ultraviolencia de esa última revelación, al arranque de la séptima temporada. La culpa es de un cúmulo de errores graves de quienes manejan los hilos de la historia, a quienes les hemos perdonado ya demasiado.
En mi caso no me molestó nunca la lentitud de The Walking Dead, y de hecho considero el comienzo paciente de su sexta temporada como un grupo de cuatro episodios excelentes. Apenas se movió la trama hacia adelante, pero qué capítulos. El tema es que uno de los grandes momentos de ese inicio fue la muerte de Glenn, que apareció vivo poco después. Un error que marcaría lo que se venía: la muerte de Denise fue tan salida de la nada que ni siquiera shockeó demasiado a Tara, y ella era su novia; el asesinato de montones de “salvadores” a los que no conocían fue una decisión un poco sangrienta de más para los protagonistas; y luego vendría la llegada de Negan y la masacre horrenda de Glenn y Abraham. Los primeros seis episodios de esta séptima temporada eligieron ya no ser lentos, sino prácticamente poner el freno de mano. Hubo una locación distinta en cada uno, la mayoría de las veces con historias separadas que podrían haberse entrelazado para aumentar la emoción. El mayor pecado fue el capítulo centrado en Tara, un personaje súper secundario. El segundo mayor pecado fue que a través de Carol y Morgan se presentó la que tal vez sea la locación más interesante de todas, pero nunca se volvió a ella.
El desorden de historias y lentitud extrema, el villano que no termina de convencer, el sentimiento de repetición; sumados a los problemas que la serie siempre tuvo, como actuaciones a veces por debajo de la media (en particular la de Chandler Riggs como Carl en el capítulo del domingo pasado), momentos de relleno, pocos recursos visuales o guiones que jamás intentan sorprender ni divertir. La combinación no es auspiciosa. Lo bueno es que The Walking Dead se ha encontrado antes con situaciones similares y ha esquivado la caída.
Durante la producción de la segunda temporada, la cadena AMC tomó una de esas decisiones que suelen arruinar a las series para siempre: despidió al showrunner, el productor creativo, Frank Darabont. Pero el ascenso del productor Glenn Mazzara al puesto más alto fue un sacudón que dio impulso, ya que introdujo la velocidad y acción que la serie precisaba y la llevó a un pico de éxito en la tercera temporada, con el Gobernador en el rol de villano. Cuando a Mazzara también se le fue de las manos -por todo lo bueno que tuvo, el final de la tercera temporada fue sacado de la galera-, AMC repitió el proceso y ascendió al guionista Scott M. Gimple a showrunner. Otra vez dieron en el clavo. En tres años, Gimple no solo logró los momentos más oscuros de The Walking Dead, sobre todo el asesinato de una niña a manos de Carol -además de los caníbales de Terminus y de la invasión de los Wolves a Alexandria-; también consiguió episodios de verdadera belleza y profundidad dramática, algo totalmente inesperado para los críticos del show. Ahora Gimple da cada vez más señas de estar perdido. AMC debería meter mano una vez más.
Queda un último episodio este domingo. The Walking Dead tiene una chance más para corregir el rumbo. La audiencia ya ha probado que no está del todo contenta, y nada indica que AMC esté dispuesta a perder a la gallina (muerta) de los huevos de oro. Mientras tanto, como el meme de los Simpson, uno se pregunta: ¿qué pasó, The Walking Dead? Antes eras chévere.
Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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