Por qué hay que ver: Rick and Morty

La serie animada de ciencia ficción es de las más creativas -y graciosas- de la televisión actual
rick and morty
En los papeles, más que una serie de televisión es un experimento. Tomar a un productor/guionista famoso por subvertir convenciones de la sitcom clásica, emparejarlo con un borracho loco con un talento enorme para la actuación vocal y la improvisación, y arrojarlos a ambos a un universo de ciencia ficción enraizado en una parodia casi pornográfica de Volver al futuro. Eso es Rick and Morty: un experimento constante y maravilloso. Rick Sánchez es un científico loco/enfermo cuya afición por la botella no le ha impedido explorar el universo y sus múltiples dimensiones y realidades alternativas; Morty es su nieto, un adolescente inocente y tonto al que Rick fuerza a acompañarlo en sus aventuras sin que le importe las cicatrices mentales que le queden. Y son muchas.
Al ser animada, las posibilidades son infinitas. Darle inteligencia a un perro para que sea más obediente, y que él mismo descubra cómo hacerse todavía más inteligente; la conversión involuntaria de toda la humanidad en monstruos horribles, apodados “Cronenbergs” por Rick en referencia al director de La mosca, La zona muerta Videodrome entre otras; la miniaturización de Morty para meterlo en un cuerpo humano en el que Rick está construyendo un parque de diversiones; o la favorita de quien escribe, la introducción de los Meeseeks, criaturas a las que se les pide algo y que, cuando lo cumplen, desaparecen.
Las realidades alternativas y los otros planetas son sumamente originales, desde las más de ciencia ficción a las más absurdas, como un mundo en el que los humanos caminan en cuatro patas y un hámster vive en sus respectivos anos (una de esas frases que uno no cree que escribirá nunca). O la secuencia en la que Rick y Morty visitan una realidad paralela en la que una pizza gigante pide por teléfono una persona, luego otra en la que un teléfono gigante sentado en una pizza disca una personita y pide una silla, y finalmente otra realidad en la que una silla gigante sentada en una persona disca en una pizza y pide un teléfono (se puede ver, en inglés, en este link). Todo esto balanceado con tramas familiares más clásicas de parte de los padres de Morty (la súper competente cirujana veterinaria Beth, hija de Rick; su marido publicista inútil Jerry) y su hermana mayor, Summer.
Lo insólito es que el equipo creativo que hay detrás de Rick and Morty sea capaz de encontrar coherencia dentro de ese mundo de caos alcohólico improvisado. Que encuentren vueltas originales capítulo a capítulo en el marco de un género tan abarrotado y que despierta tales pasiones como la ciencia ficción. Que sustenten todo con una visión del mundo irreverente y oscura, pero mucho más profunda y existencialista de lo que podría parecer a primera vista. Que detrás de todo haya un ancla emocional fuerte. No. No debería funcionar bien. Sin embargo, todas las piezas encajan y la convierten en una de las series más inventivas del panorama televisivo inabarcable de hoy. Para eso es vital también el interés por mantener continuidad en las historias y no contentarse con los episodios auto-conclusivos de otras sitcoms animadas como Los Simpson Futurama.
Es muy divertido ver los detrás de escenas y las entrevistas con sus creadores, Dan Harmon y Justin Roiland. Harmon es un icono del ambiente geek estadounidense, sobre todo por haber creado la sitcom de culto Community. Un show memorable por dinamitar las ataduras del género y explorar variantes como un episodio en stop motion, o uno con siete líneas temporales distintas. Aun así, Harmon admite que en el writer’s room de Rick and Morty su rol es el contrario: aportar reglas y ataduras, “poner un marco a la locura” de Roiland, sin por eso quitarle ese aspecto retorcido. “Deberías pensar que es retorcido”, como le dijo Harmon al canal de YouTube Nerdist.
En lugar de pautar las historias de antemano, suelen guionar a partir de los diálogos que se le ocurren en el momento a Roiland, quien le pone la voz a los dos personajes centrales. Algo inédito en la raza actual del productor creativo obsesivo y detallista, la famosa figura del showrunner, pero particularmente sorprendente para Harmon, quien creó su propia fórmula de cómo funcionan las historias y se apegó a ella durante las cinco temporadas de Community en las que fue productor (el canal lo echó en la cuarta y lo trajo de vuelta para la quinta).
Según él, el proceso creativo detrás del show muchas veces implica que Justin llegue a la reunión de guionistas, grite algo ridículo en una voz chillona y se vaya, mientras los demás se quedan intentando armar una historia alrededor de ese personaje o concepto. O, como en el caso de uno de los capítulos más recordados, “Rixty Minutes”, poner a Roiland a tomar cerveza en un estudio de grabación y dejarlo improvisar durante horas, guiándolo mínimamente cuando surge algo utilizable. Luego le llevan las improvisaciones a los animadores, y boom: magia. En “Rixty Minutes”, Rick conecta el decodificador de canales de la familia a la televisión inter-dimensional, y carece de mucha más trama que esa. Simplemente los personajes mirando la tele y hallando una realidad alternativa en la que Jerry es una estrella de cine, o programas como Gazorpazorpfield, un Garfield del planeta Gazorpazorp, o una publicidad ultra sangrienta para cereales con un duende irlandés de protagonista. Y no tiene desperdicio.
Un ejemplo: para la revista Vulture, Harmon, Roiland, uno de los guionistas y Spencer Grammar (que le pone voz a Summer) improvisaron una escena en vivo:
Harmon también es conocido por el podcast de comedia Harmontown y por haber diseñado el festival de cortometrajes Channel 101, al que cualquiera puede presentar proyectos que los espectadores luego votan si continuar produciendo. Allí Harmon conoció a Roiland, quien presentaba cortos dementes que apuntaban al shock. Entre ellos, The Real Animated Advenures of Doc and Mharti, en la que una versión paralela de Doc Brown convence a un Marty McFly más crédulo de que la solución a todos sus problemas -como que el DeLorean que viaja en el tiempo no arranque- es que el chico le practique sexo oral explícito. A diferencia de otras ideas de Roiland, Doc and Mharti prendió en el festival e imitar las voces que le había dado a los personajes se convirtió en un pasatiempo en su círculo. Cuando Harmon fue despedido de Community, Adult Swim, el espacio adulto de Cartoon Network, le ofreció crear un show animado y él le planteó a Roiland (quien en ese momento ponía voz a personajes de Hora de aventuras Pecezuelos) desarrollar a Doc y Mharti.
Ese humor negro y “para mayores” se mantiene en Rick and Morty, y es su ingrediente clave. Personajes mueren a diestra y siniestra, a veces de maneras terribles, pero la serie una y otra vez le encuentra la vuelta cómica. No son risas fáciles, casi siempre acompañadas de un “qué carajo estoy mirando”; lo cual lo hace más gracioso todavía cuando el shock inicial pasa de largo. Lo que es más: uno no deja de darle vueltas a ciertas tramas y situaciones durante días. Frases se le quedan pegadas, no en el sentido típico de referencia cultural (a la “citar frases de Los Simpson en todo post de Facebook posible”) sino en el sentido más trascendente (sin disminuir la trascendencia de Los Simpson en sí, claro está; de hecho: “Sin ser pretenciosos, queremos que esto sean Los Simpson de Adult Swim”, dice Harmon en la misma entrevista con Nerdist citada antes). Como dicen ambos creadores en otra serie de entrevistas, parten de la base de que la comedia se inventó para combatir la oscuridad del mundo y a eso apuntan en su trabajo. Por suerte, también lo logran con un ritmo altísimo de carcajadas por minuto.
Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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