Por qué hay que ver: How I Met Your Mother

La distancia y la posibilidad de mirar los episodios por streaming le han hecho un favor muy grande a esta sitcom
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Cada generación tiene su sitcom. Las mías fueron dos: Casados con hijos a nivel regional, How I Met Your Mother a nivel internacional. Digo, me encantan Friends Seinfeld, pero son de otra época; supe mirar un montón de The Big Bang Theory y, oh por Dios, Two and a Half Men, pero me terminaron cansando. Nada que asocie de inmediato con dos períodos de mi vida como Casados con hijos (adolescencia temprana) y How I Met Your Mother (la universidad). Y las dos son series problemáticas. Nunca quise revisitar la de Florencia Peña, Guillermo Francella y los hermanos Lopilato porque sospecho que no es ni de cerca tan graciosa como la recuerdo, mientras que How I Met Your Mother se enredó en su último par de temporadas. El final me decepcionó hasta tal punto que manchó su memoria y pasaron dos años antes de que la revisitara de casualidad. Por eso tengo que agradecerle a Netflix: el streaming le hizo muy, muy bien a la serie. En esto de “Por qué hay que ver” la idea es centrarse en shows y películas que tengan menos popularidad y este no entra en esa categoría, sin embargo sí que le vendría bien una relectura.
Para refrescar, se trata de una sitcom sobre neoyorquinos que habría sido muy tradicional de no ser por las posibilidades casi infinitas que le da el concepto de fondo: que Ted Mosby (interpretado por Josh Radnor) le está contando la historia de cómo conoció a su madre a sus dos hijos en el futuro. El cuento involucra a sus amigos de la universidad Lily Aldrin y Marshall Eriksen (Alyson Hannigan y Jason Segel), a la chica de la que se enamoró y marcó el pasaje de sus 20 a sus 30, Robin Sherbatsky (Cobie Smulders), y al ultra mujeriego e interminablemente carismático disparador de frases memorables Barney Stinson (Neil Patrick Harris). El casting es impecable, las risas no se detienen, los guiones siempre tienen un costado de inventiva que los diferencia de cualquier otra sitcom. La apuesta de cachetazos (“Slapbet”), el pasado de Robin como estrella pop juvenil en Canadá (Robin Sparkles), las secuencias musicales, los juegos con la estructura (flashbacks, flashes hacia delante, confusiones del narrador), el incidente del ananá, los dobles idénticos, el paraguas amarillo y la forma en que se va dando información de la Madre en cuentagotas a lo largo de los años. Es una serie con una mitología interna muy rica, de esas que provocan teorías y enganchan a los fanáticos, cosa poco habitual en el género de la comedia de situación.
How I Met Your Mother tiene por lo menos cuatro temporadas excelentes. 88 episodios. Es muchísimo. La quinta es un poco más irregular, aunque tiene algunos de los mejores momentos del largo de la serie, entre ellas la inolvidable secuencia musical fantástica “Nothing Suits Me Like a Suit”. Las sexta y séptima tienen ya más problemas, aunque son mucho más ajustadas de como se las recuerda. Ahí es donde Netflix viene al rescate. Un pilar de la sexta es Zoey, una chica de la que Ted se enamora por más que ella está haciendo campaña para detener la construcción del rascacielos que él está diseñando. No tiene sentido, ni la actriz Jennifer Morrison (la Dra. Cameron en House) contribuye a bajar a tierra la trama. El streaming abre la chance de prácticamente eliminar a Zoey y quedarse con el Capitán (Kyle MacLachlan, el agente Dale Cooper de Twin Peaks) que entró a la serie en compañía de ella y terminó siendo un personaje muchísimo más divertido. Netflix permite saltear los episodios mediopelo y así hasta las tan criticadas octava y novena temporadas ganan otro brillo. Sus ingredientes dramáticos encajan de manera más aceitada.
Otro punto a favor de revisitar How I Met Your Mother es que no está la ansiedad por conocer a la Madre y saber cómo termina su relación con Ted. Cuando estaba al aire, se sentía que los creativos detrás del show estaban aplazando demasiado la revelación y eso se mantiene; el tiempo no ha revertido los errores cometidos por la cadena CBS y por los showrunners Carter Bays y Craig Thomas. Pero vista con cierta distancia y el confort de saber a dónde se va, uno está en el mismo plano que el propio Ted contando la historia. Incluso la nostalgia entra en juego. Desprovista de esas presiones se redescubre lo realmente hilarante que es la serie. Y resulta increíble que en su momento se criticara el casting de Cristin Milioti como la Madre, está casi tan perfecta en el papel como Neil Patrick Harris en el de Barney Stinson (y esa es una de las combinaciones actor-personaje mejor logradas del medio audiovisual entero).
En MOOG ya hablamos de si una serie ha de ser condenada si su final no ata todo con un moño prolijo. Por supuesto que How I Met Your Mother estaba en esa categoría. Más que nunca refuerzo la opinión de que eso no debe ser así, menos todavía en una sitcom que puede mirarse en desorden y de manera esporádica. Decir que es mala porque sus últimos años no están al mismo nivel que los primeros es como afirmar que Los Simpson perdieron su entrada en la lista de lo mejor de la TV porque sus capítulos del siglo XXI no son como los de los 90. Nadie piensa eso. Para mí ha sido una alegría redescubrir How I Met Your Mother, revalorar lo que viví junto con esos personajes y las alturas de calidad a las que llegan cuando todos los engranajes funcionan. A cualquiera que haya sufrido una decepción similar a la mía le aconsejo que se anime a regresar al mundo de Ted Mosby y compañía. A quien nunca se haya atrevido a entrar por los comentarios negativos, le aconsejo que dé el paso porque no lo lamentará.
Es una pena que la serie se esté yendo de Netlix en varios territorios, aunque tampoco es que eso deja las manos tan atadas hoy en día, ¿no?
Y siempre tendremos el final alternativo:
Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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