Por qué hay que ver: Arrested Development

En esta encarnación más bloguera de MOOG en 2016, inauguramos un espacio de columnas sobre series, películas, libros, discos y más del pasado, y por qué vale la pena revisitarlos
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En ese universo abarrotado que es la comedia de televisión, las coronas se las suelen llevar las sitcoms ultra populares como FriendsSeinfeld Cheers -o para los rioplatenses de determinada edad, Casados con hijos; los de otra franja etaria, Decalegrón-, mientras que las series de culto como Arrested Development entran siempre en las listas de las mejores de todos los tiempos pero nunca se acercan al podio. Esta columna viene a rebatir esa noción: Arrested Development se merece el mismo nivel de popularidad que Friends.
Primero lo muy positivo: se encuentran pocos shows con un número de risas superior del que logra la historia de la aristócrata familia Bluth, y sus problemas financieros y de relacionamiento. Hay chistes que se construyen durante varios episodios con detalles que parecen al azar y no lo son, hay bromas recurrentes que se llevan cada vez más lejos sin caer en a repetición, hay momentos innovadores y hay otros que no lo son tanto (es un poco cliché decir que los evangélicos son religiosos en extremo, o que muchos magos que se tiran de ilusionistas son chantas), pero incluso en estos últimos le encuentran la vuelta. Hay que ver los episodios múltiples veces para encontrar todos los chistes, y algunos muy sutiles puede que se te sigan escapando hasta que alguien te los haga notar -en el caso de este columnista, no había asociado que las caminatas cabizbajas eran una parodia de Charlie Brown-.
La trama general es que Michael (Jason Bateman, haciendo el personaje de buen tipo un poco boludo del que tanto le ha costado salir) tiene que ponerse la compañía Bluth al hombro mientras lidia con las consecuencias de las malas decisiones tomadas por el paterfamilias, George (el enorme Jeffrey Tambor), también con su madre alcohólica insoportablemente manipuladora, Lucille (la insuperable Jessica Walter), y con sus tres hermanos a-cuál-peor (Buster, que sigue siendo el niño de mamá incluso a los 30, George-Oscar, conocido como GOB, y Lindsay, su insólito marido Tobias Fünke y la hija perpetuamente rebelde de ambos, Maeby). Todo esto mientras intenta criar en solitario a su hijo George-Michael. Esta sinopsis podría llevarse para cualquier lado, porque de comedias familiares está empedrado el camino del infierno. Por suerte, el creador Mitch Hurwitz eligió pisar el acelerador y soltar el volante.
Arrested Development pasa por un montón de lugares comunes de la TV estadounidense y subvierte cada uno de ellos. Hay juicios y múltiples abogados, ya sea con el incompetente Barry Zuckercorn o el trabalenguas constante de Bob Loblaw (pronunciado “bobloblo”). Hay cárcel y se aprovecha desde la regla de que las visitas no pueden tocarse con los presos (hay compilados largos con todas las formas distintas de decir “no touching!”) hasta el descubrimiento de la religión estando tras las rejas. Hay médicos que una y otra vez transmiten malas noticias cuando quieren decir algo bueno; hay amantes que quieren robarse el dinero, hay una vecina socialité rival de Lucille -llamada también Lucille, claro, ¡e interpretada por Liza Minelli!-. Hay una novia ultra-cristiana de la que nadie puede recordar el nombre, hay un novio musculoso y tonto en el liceo que festeja con los brazos en alto cuando escucha su propio nombre (¡Steve Holt!), hay un detective que se disfraza y se mete en cualquier lado, y la familia hasta adopta a un niño coreano. Y todos y cada uno de estos personajes se exprimen hasta la última gota.
El chiste recurrente en Friends de que Chandler hace comentarios afeminados se multiplica por diez en el personaje de Tobias Fünke (genialmente interpretado por David Cross), que a veces se vuelve tan reiterativo como con Chandler, pero que cuando funciona tiene momentos de brillantez. Prácticamente todo lo que hace GOB es memorable, y Will Arnett, el actor que lo interpreta, solo estuvo cerca de superarse a sí mismo con el Lego Batman de La gran aventura Lego. Michael Cera comenzó su carrera de interpretar siempre el mismo papel gracias a su George-Michael, y hasta le sirvió como una plataforma de relanzamiento (tras una serie de fracasos comerciales) cuando Netflix revivió el show en 2013. Otra regla rota: esa cuarta temporada de Arrested Development, diez años después de la cancelación en 2003, no está a la misma altura de las tres primeras pero aun así tiene mucho para disfrutar y muestra lo ambiciosos que seguían siendo sus creadores.
Por otro lado: sí, es cierto. La serie de Mitch Hurwitz es demasiado autorreferencial, demasiado meta, demasiado lleno de chistes internos; muchas risas dependen de que se hayan mirado ya muchos capítulos anteriores; muchas otras son intraducibles y no tienen sentido si no se sabe algo de inglés, y sobre todo los personajes y las situaciones en que se mueven están llevadas a un extremo insólito y ridículo, por lo que la serie se pone a sí misma en el campo de “humor-que-no-es-para-todo-el-mundo”. Requiere un poco más de esfuerzo para entrarle que la típica sitcom.
Pero ya después de que Friends llevó el concepto de “comedia de situación” a su condensación máxima -un grupo de amigos a los que les pasan cosas normales- la mayoría de las comedias que han triunfado en el siglo XXI tienen un elemento distinto: The Big Bang Theory requiere un mínimo de conocimiento de cultura pop (y seguramente funcione todavía mejor con algo de conocimiento científico), How I Met Your Mother parte de un concepto muy original que le permite básicamente ser Friends con una estructura novedosa, The Office -la versión estadounidense- toma un escenario visto mil veces como la oficina y lo subvierte con un jefe tan adorable como estúpido, Scrubs parodia las mil y una series de médicos que existen desde una perspectiva prácticamente surreal. Mirar TV en la Era de Oro de la TV es más que echarse en el sillón a que te den todo ya digerido, por más que eso siga existiendo (hola, Two And a Half Men). En ese esquema Arrested Development calza justo. Y en el panorama actual de comedias tristes que no buscan tan desesperadamente hacer reír -Orange Is The New Black, Girls, Love, etc.-, ni que hablar.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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