Por qué hacemos críticas

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En Moog hemos discutido muchas veces si publicar o no esta columna. No queremos tirarnos de víctimas para llamar la atención. Pero llegó un punto en que no podemos hacer otra cosa que explicarnos. A nosotros nos encanta la cultura y por eso uno de los objetivos principales de esta revista es darle para adelante a los proyectos nacionales. A veces sentíamos que pasaban desapercibidos en la prensa principal, y nos propusimos arreglar ese error -un objetivo hacia el que caminamos lentamente-. El problema es cuando aparece un producto uruguayo (disco/película/libro, lo que sea) que no es bueno. Ahí surge una dicotomía que habla mucho de la nacionalidad oriental.
Las opciones ante, por ejemplo, un disco malo, son dos: dejarlo pasar o criticarlo en forma objetiva y nunca con mala intención. La primera opción implica nunca más criticar a un disco nacional para ser consistentes. Entonces, tampoco se debería nunca criticar un trabajo internacional. ¿Por qué reservar ese privilegio solo para los uruguayos? ¿Solo porque Jennifer López no se va a enterar nunca de que en Moog creemos que su último disco es una basura? Eso significa convertirse en una plataforma de difusión, que anuncie que se editaron determinados discos para ayudar a las bandas y de pronto haga algunas entrevistas a las que tienen trabajos que valen la pena. Significa convertirse en una extensión de las agencias de prensa, recursos a los que las discográficas recurran cuando tengan un álbum para publicar que necesite algún empujón para tener éxito.
Eso evita conflictos, es cierto. Pero si se cambian los factores, la cosa pasa a ser un poco más oscura. Si un diario decide no cubrir los errores de un gobierno y solo “da para adelante” para ayudar al país -o si hace exactamente lo contrario- sería mal visto y muy criticado. No sería periodismo. Y no en cuanto a la corrupción, porque eso sería demasiado exagerado, sino en cuanto a errores o fracasos a los que el periodismo puede contribuir a mejorar.
Cuando uno hace un trabajo -ya sea cocinar un plato, escribir una columna o jugar un partido de fútbol- se expone al “qué dirán”, y debe saber dos cosas sobre él: jamás debe obviarlo, salvo que su intención sea no crecer y mejorar, y también tiene que acostumbrarse a que lo que haga nunca va a conformar a todo el mundo. Tiene que poder entender cuándo la crítica es válida y cuándo no, diferenciar al contra del que de verdad estaba entusiasmado con una banda, pero se decepcionó con el disco y decidió escribir sobre lo que ese trabajo le generó. Es lo que se llama “crítica constructiva”.
Por eso Moog está a favor de la segunda opción: cuando aparece un trabajo malo, decidimos criticarlo, siempre sin mala intención. Puede salirnos mal o bien, pero nuestra idea jamás será hacerle daño al artista. Porque una revista cultural seria de ninguna manera debería estar al servicio del artista de la misma manera que una revista de política ni siquiera debería plantearse estar al servicio de un partido o sector político. Es un balance entre colaborar con la difusión de los artistas -algo que todos queremos lograr, nadie quiere que a la cultura uruguaya le vaya mal- y filtrar la catarata de información para que el lector elija qué quiere consumir. Una mala crítica de una película puede llevar al lector a mirar esa película para ver qué tal y quizá desarrolle un opinión totalmente contraria al crítico. Si este sabe lo que hace, entenderá los comentarios negativos y quizá aprenda de ellos.
No decir que un trabajo es malo bordea en la autocensura -el miedo a que las bandas o las discográficas dejen de dar notas, por ejemplo-. Lamentablemente ese miedo está siempre. Una banda que edite un disco y no esté dispuesta a escuchar comentarios negativos no está entendiendo cómo funciona el sistema. En cualquier trabajo uno recibe críticas, ya sea barrendero o ingeniero espacial. Un músico que elige decir que todos los críticos “no lo entienden” solo porque hablan mal de él -acá se asume que el crítico supo fundamentar sus argumentos y no solo dijo que algo no le gustó “porque sí”; de críticos malos también está lleno- es el análogo de un niño que se tapa los oídos y hace “lalala” cuando se lo rezonga, de un estudiante que dice que tal profesor lo odia porque le puso una mala nota o del empleado que hace mal su trabajo y se ofende con el jefe cuando se lo echa en cara. Es una actitud inmadura y no le hace bien a la cultura uruguaya.
Criticar a la cultura le da legitimidad. ¿Cómo saber si algo es bueno o malo si está prohibido hacer comentarios negativos? ¿Hay que asumir que todo lo uruguayo es bueno solo por ser uruguayo? Así es imposible mejorar, y la cultura debería estar en constante crecimiento o de lo contrario se estanca. A veces el crítico puede equivocarse -la mayoría le pegaron al Led Zeppelin IV cuando salió, por ejemplo, y hoy es considerado una obra maestra-, pero es parte del juego. Si lo único que recibís por tu trabajo son palmadas en la espalda, entonces vas a vivir en un globo de falsedad que un día va a pincharse. Podés elegir no cambiar y demostrarle al crítico su error o podés darte cuenta de que tiene razón y mejorar. No deberías decir “sos un (insulto) y solo le das para atrás a la movida”. Solamente aplaudir incluso cuando algo no está bueno es un insulto hacia el consumidor de cultura y hacia el propio artista. Por eso vamos a seguir haciendo críticas, porque nos encantan algunas bandas uruguayas y queremos que mejoren. Porque si todos les dicen que son lo mejor no queda espacio para crecer.
Por último, el comentario de “esto es demasiado subjetivo y no es periodístico” carece de sentido al hablar de cultura. La frase “sobre gustos no hay nada escrito” es ridícula: casi todo lo que tiene que ver con cultura tiene que ver con gustos y esa es la idea. Y si se le pega a un crítico porque no se coincide con lo que dijo, se está también siendo un crítico. Si solo se insulta con las manos tapando los oídos, entonces encima se está siendo un mal crítico.

Gastón González y Alejandra Pintos

Editores de Moog

3 comments

  • Jorge  

    No aclaren que oscurece muchachos/as. La columna a la que hacen referencia carece completamente de fundamentos y está llena de incoherencias. Está muy lejos de la crítica constructiva de la que hablan en esta nota. Todo bien igual, la gente no es boba y sabe diferenciar la opinión con fundamento de una opinión vacía.
    Saludos!

  • Rafael  

    Muchachos. El periodista debe actuar como actúan ustedes. En forma objetiva se debe decir lo que se piensa. Eso es periodismo independiente sea de la rama que sea. El periodista “funcional” Muchas veces la pasa mejor con el criticado de turno. Pero el lector quiere Lo otro. La verdad cruda y dura. A la larga sólo eso paga.
    Felicitaciones por lo conceptual.

  • Carmen  

    Han dado una excelente lección, no sólo de periodismo

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