Perfil Moog: Gustavo Escanlar

En noviembre se cumplen cinco años de la muerte de Gustavo Escanlar, un tipo todavía recordado por su carrera periodística arrasada de polémica. Pero  con la publicación reciente de la novela La alemana, Criatura Editora ha completado un proceso de reedición de su costado quizá menos recordado: el literario
Escanlar. Ph Leo Barizzoni
Foto: Leo Barizzoni
El día que publicó una carta en el semanario Aquí en que criticaba a Mario Benedetti, Gustavo Escanlar selló para siempre su personaje contrario a lo establecido. Toda su carrera puede encapsularse en ese enojo, provocado por ciertos comentarios del autor de La tregua acerca de cómo la juventud está perdida. A fines de los ochenta, con años de militancia antidictatorial en el extranjero, Benedetti era más intocable que nunca. Escanlar lo admiraba, lo había leído a escondidas de los militares. Pero eso le tocó la fibra. Le “calentó esa soberbia”, dijo en Montevideo Portal. Ahí dio un viraje y se construyó un lugar contracultural cada vez más mediático. Nunca pudo volver: se convirtió en el-tipo-que-odiaba, algo bastante alejado de la realidad. Aunque él se metió a sabiendas en el torbellino.

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Hay un único Gustavo Escanlar, formado por un puzzle de piezas desperdigadas. El más obvio es el que hacía payasadas en la época más sencilla y divertida de Bendita TV; el que hacía el papel de facho y se tomó la orina en cámara en Zona urbana; el que se reía de medio pueblo en la radio, aunque siempre –o casi siempre- con algo para decir detrás de la burla (en Las cosas en su sitio, en El termómetro); el que dijo en televisión, en La culpa es nuestra, que Federico Fasano era “un hijo de mil puta, la puta que lo parió” y después llevó una carpeta de recortes de prensa que confirmaran que efectivamente Fasano respondía a ese calificativo al juicio por injurias que le inició el dueño de La República, si bien luego no la usó. “Cómo rectificar algo que es estrictamente cierto”, escribió el 11 de mayo de 2006 en su columna Los siete sentidos, también en Montevideo Portal.
Está el Escanlar que fue despedido del suplemento Qué Pasa por su editor y creador Leonardo Haberkorn, luego de que reconociera que sí conocía a una persona que aparecía dando un testimonio en un reportaje, pero que lo que decía no era verídico. También está el que fue acusado de un plagio que nunca admitió del todo y terminó afuera de Búsqueda, de Zona urbana, de Las cosas en su sitio. El que volvió al poco tiempo a los medios y sin cambiar un ápice su encare provocador. El Escanlar al que –según él- No Te Va Gustar le dedicó un par de temas en vivo al grito de “gordito plagiador” luego de que él los atacara en sus columnas.
Está el actor, protagonista de la película El hombre de Walter, una faceta de que pueden verse retazos en el videoclip de “Un beso y una flor” de Trotsky Vengarán, en YouTube. Está el dramaturgo. Está el columnista, quizá el más interesante de todos, el lugar en el que él mismo admitía que conseguía plasmar mejor su visión. Su recopilación de 2008 Disco duro es algo reiterativa, pero también ácida, graciosa y sobre todo profunda en un pensamiento que siempre iba contrario al discurso oficial.
Y desde el 2013, vuelve a estar el Escanlar escritor, con la publicación por Criatura Editora de su libro de cuentos Grandes éxitos, un cuento y una despedida. El año pasado la misma editorial sacó por primera vez en Uruguay la primera novela del autor, Estokolmo, publicada en 1998 en España y a la que nunca se le prestó demasiada atención acá. Es un libro de poco más de cien páginas que comprende a Escanlar en su totalidad: las puteadas, el morbo, la cocaína, el buen humor, la adrenalina. La muerte.
Este 2015, Criatura cerró el ciclo de reediciones con La alemana, continuación de Estokolmo. “Otra entrega de noticias desde el lado oscuro de la ciudad”, la describe la editorial.

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“Hasta hoy has vivido sentado en tu sitio/Con tu camisa limpia con tus calzoncillos (Gino Paoli)/Hasta hoy has vivido como los de antes/Votando cada cinco años a tus representantes/Hasta hoy has vivido comiendo tu mierda/No te animaste a probar ni siquiera la yerba/Hasta hoy has vivido queriendo ser otro/No te animaste siquiera una vez a decir ‘no’/Qué pasa si te descubrís/Si una mañana despertás/Y te das cuenta de que sos/Drogadicto y puto/Qué pasa si un día te asumís/Si te da por encarar/Y te das cuenta de que sos drogadicto y puto” -canción escrita por el Doctor Muerte, protagonista de Estokolmo.

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Gabriel Peveroni –exdirector de Freeway, periodista de rock, novelista, dramaturgo- lo conoció a fines de los ochenta, cuando Escanlar trabajaba en una revista subterránea de tapa negra, Suicido Colectivo. Peveroni estaba en otra, Cable a tierra, y se conocieron en una nota para el semanario Jaque en que se reunió a todo ese grupo de magazines under post-dictadura, mucho más atado al rock de la Velvet Underground y al realismo sucio de Bukowski que al folklore de Los Olimareños y al realismo mágico de García Márquez. Con la carta contra Benedetti, Escanlar cobró protagonismo y se erigió de alguna manera en el líder de la corriente.
- Lo colocó a él como personaje dentro de lo que sería el periodismo cultural: el outsider, el niño terrible -dice Peveroni-. Y a partir de ahí se le exigió y él cumplió ese personaje. A él le gustaba.
En 1988 escribió y sacó a la calle en fotocopias el poemario El pene en la boca. En 1993 la colección de cuentos Oda al niño prostituto, con los que siguió en la línea de molestar, como si no quedara claro con los títulos. “Generó polémica”, dice Peveroni, y agrega que ya entonces un sector importante de la intelligentsia local no simpatizaba con él. Por esa época le mandó un texto al escritor chileno Alberto Fuguet, al que él y el resto de la generación admiraban. Fuguet lo incluyó en su controversial antología McOndo, que reunía escritores latinoamericanos alejados del todopoderoso realismo mágico, y afirmó que de todos, Escanlar era el más mcondiano. También sería luego el primero en morir.
Junto con Daniel Mella, Ricardo Henry y Peveroni, la crítica metió al Escanlar escritor en el calificativo grupal de “los crueles”: dice Peveroni que cuando la intelectualidad de izquierda esperaba literatura de clase trabajadora, esa serie de autores presentaba un trabajo urbano, trash, sucio y sobre todo de clase media. Cuando Peveroni editó su primera novela, La cura, cuenta que un crítico la calificó de “novelita de jóvenes de clase media en crisis”. La literatura de Escanlar encima era a primera vista autobiográfica. La primera persona de sus textos hacía que sus personajes parecieran versiones exageradas de él. Lo mismo que luego sería, de un modo diferente, el Escanlar mediático.

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“Una foto que sacamos cuando salimos una vuelta de gira por el Uruguay profundo visitando bibliotecas y templos”, Gustavo Fernández Insúa
- Cuando El Termómetro andaba bien era cuando más puteadas recibíamos -dice Gustavo Fernández Insúa, coconductor del programa que salía por Radio Futura-. Era cuando hacías calentar a alguien en alguna cuestión, moral, estética, política o lo que fuera. Boludeces, discusiones estúpidas. El programa que andaba bien era el que nos cagaban a puteadas. Eso era alimento espiritual para Gustavo.

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A mediados de los 2000 en Zona urbana fue donde Escanlar alcanzó su mayor pico de exposición. Fue en el programa conducido por Ignacio Álvarez en donde se tomó su propia orina, en el marco de un programa sobre la orinoterapia, un episodio que se volvió casi un chiste.
Álvarez lo conocía desde mediados de los noventa, cuando el entonces recién egresado de facultad, hoy conductor de Santo y seña, trabajaba con él en la revista Tres: dice que lo odiaba y admiraba a la vez, aunque rápidamente fue ganando lugar la admiración. Álvarez cuenta que él “trataba de escribir correctito y veía cómo el loco soltaba la muñeca para escribir, escribía lo que quería. Lograr eso, escribiendo bien, es para unos pocos. La capacidad de decir las cosas como un balazo al pecho. Y aparte la forma, el contenido: con mucho huevo”. Afirma que se sentía identificado con “su cabeza”: “De pegarle a esas vacas sagradas, esas figuras míticas de la cultura sin ningún prurito y despedazarlos sin lástima, sin piedad. Yo creo que en algún momento dije que todo país necesita un Escanlar: es necesario construir mitos, pero también es necesario derribarlos. Ese ejercicio de sacudirte, de repensar las cosas que te vienen dadas, Escanlar lo hacía de forma única”.
Galeano era uno de sus objetivos preferidos. La murga, las llamadas. Fito Páez, Mujica, Rosencof. En 1990, publicó en la revista under La oreja cortada un texto titulado “Cosas que odio” (entre otras, los hippies, los Beatles, los taxistas que hablan, los gauchos). En uno de sus mejores columnas de Búsqueda (“Cirugía radical”, del tres de marzo de 2008) parte de la pregunta base de la serie Nip/Tuck–“¿Qué es lo que no le gusta de usted?”- para hacer una crítica profunda a la sociedad uruguaya : no le gustaba “el periodismo deportivo triunfalista” ni la bandera de 1950, no le gustaba que con cada nuevo estreno de cine nacional se hablara “del ‘surgimiento de la industria cinematográfica uruguaya’”, no le gustaba  que en 50 años de existencia la televisión nacional “siga obligando a consumir programas de entretenimiento hechos para tarados”. Una persona muy cercana a Escanlar que prefirió no dar su nombre dice que no criticaba por criticar. Que siempre tenía algo para decir. Que si no, no decía nada.

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Foto cedida por Criatura Editora
“Una de las preguntas más idiotas que me hacen cada tanto viene con gesto de reproche, como con juicio incluido. Me miran y me dicen: ‘¿Pero a vos hay algo que te guste?’. En general, evito contestar, sobre todo porque es la clase de preguntas que vienen con respuesta incluida. El que la hace ya tiene una opinión formada y no la vas a cambiar con ninguna de las posibles respuestas. Pero sí, existen cosas que me gustan, cosas que me ayudan a olvidar, cosas que me apasionan, cosas que amo” – primera columna de la serie “Cosas que me ayudan a olvidar”, publicada en Freeway y dedicada en ese estreno a su hija Violeta.

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Varios conflictos lo mancharon. El plagio es el más evidente. Gente cercana a él dice que, por más que nunca lo denunciaron, la expulsión de Búsqueda y sobre todo de los medios que no tenían nada que ver con el problema lo dejaron muy mal, vulnerable, encerrado cinco meses en su casa y sin confianza en que pudiera volver a hacer algo bueno. Pero que no guardó rencores.
También se dice que hubo manejos políticos. Era fácil agarrarlo de representante de la derecha. Cuando hizo un chiste subido de tono sobre Sonia Breccia en Las cosas en su sitio, La República lo persiguió tanto a él como a Ignacio Álvarez. Era año electoral. “Álvarez y Escanlar abrieron sus esfínteres morales y excretaron todo tipo de inmundicias personales sobre la periodista”, reza un editorial del diario del 18 de mayo de 2004. Álvarez también habla de manipulación.
- Yo, como tantas veces, cuando vi la demencia que dijo traté de salvarlo –recuerda-. Al otro día digo en la radio: “Lo que usted dijo ayer era en broma”. Y me responde: “¡No, era en serio!”. ¡La puta que lo parió! –se ríe-. ¿No ves que era suicida?

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“Antonio fue quien primero me llevó a Buenos Aires, en el Vapor de la Carrera, cuando yo tenía quince años. Al subir al barco me dio cien dólares y me dijo ‘te doy cien, te tenés que venir con cientocincuenta’. Por supuesto que me gasté los cien y volví sin un mango (me compré el disco de Barry Manilow que traía “This One’s For You” y “Looks Like We Made It” -me mataba con los golpes de batería en la mitad de la canción-, me compré la banda de sonido de Rocky, me compré Isitzo de Cat Stevens, compré una botella de Chivas para mi padre y se me fue toda la guita), por lo que Antonio me dijo, con razón, ‘te va a ir mal en la vida pero te vas a divertir’” -Cuento “Las murgas del tío Antonio”, contenido en el libro No es falta de cariño, Gustavo Escanlar.

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Además de Oda al niño prostituto y Estokolmo, publicó en 1997 la antología No es falta de cariño. Después llegaron en 2001 Crónica roja, la reconstrucción de algunos delitos (un acercamiento entre la ficción y el periodismo) y en 2006 la novela Dos o tres cosas que sé de Gala, reeditada en 2009 en Argentina como La alemana. Su década prolífica fue la de los noventa; luego fue dejando de escribir ficción. Una persona cercana a él cuenta que simplemente no tenía nada nuevo para decir.
Su amigo Gustavo Fernández Insúa dice que lo prefiere como columnista, pero también que su obra de ficción “es muy buena, muy sólida, muy entretenida, muy él”. Sin embargo, agrega que ese costado nunca le va a importar a los que lo conozcan “por motivos massmedia“, los que lo conozcan “por tomar pichí. Y él era eso. Era todo eso”.
En Argentina era conocido por su faceta de escritor, y era percibido como un maldito, “el maldito uruguayo”, según el periodista de Página/12 Martín Pérez. Lo mismo dice Fernández Insúa. Fuguet escribió un perfil sobre Escanlar para el libro Los malditos, editado en Argentina en 2011. Pero en cierta forma puede decirse que el propio protagonista del perfil se había ido encargando de enterrar ese concepto.
Cuando en 2008 un consumo de cocaína le provocó una reacción alérgica en un supermercado y como consecuencia fue expulsado de Bendita TV, su último trabajo en el foco del ojo público, Escanlar se quedó solamente con su trabajo en Búsqueda, a donde había regresado y escalado al puesto de editor de Cultura. Su mujer Eleonora Navatta afirma que ese fue el momento más feliz de la vida de su marido. Fuguet escribió en su perfil que la fama televisiva se había tragado a Escanlar, aunque no parece ser el caso. Más bien, en la escritura estaba encontrando finalmente la paz.
En una entrevista publicada en el semanario Crónicas, la última, que salió a la calle horas antes de que se conociera la noticia de su muerte, Escanlar se reía: “¿Quiere ser el centro de cualquier reunión? Vomite”. Ese era el personaje. Pero en la entrevista también hablaba de cómo la paternidad lo cambió, lo hizo madurar. Según Navatta, si se fuera a dividir entre buenos y malos, él había pasado al bando de los buenos. Y también cuenta que ahora mucha gente le dice que lo extraña.
Fernández Insúa dice que a Escanlar le faltó tiempo.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

2 comments

  • Orlando  

    Lo traté un poco en los últimos años de su vida. Lo fui a visitar al Maciel luego de una crisis… El perfil que se presenta en la nota se parece bastante al que tengo de él, pero tengo la certeza de que hay mucho más, que había mucho más que ni ustedes ni yo percibimos porque él se movía en un orbital más rápido que nosotros. Antes me lamenté de su muerte, ahora me alegro de haberlo conocido.

  • Paulo  

    Soy un seguidor de el, soy un “escanlariano”, el uruguay no estaba preparado para su partida, falta más gente cómo él, que diga las cosas cómo son sin importar si te gusta o no!! Dónde quiera que estés amigo y gran líder, gracias por haber estado con nosotros!!!

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