Morrissey en Uruguay: ¿sabrá tu novia…?

Ante un Teatro de Verano casi colmado y enfervorizado como pocas veces, Morrissey se presentó por primavera vez en el país y dejó en claro por qué es tan amado y, por qué no, tan odiado
Luego de una ráfaga de videos en los que se mezclaban Jacques Brel, soul de la era Motown y hasta los New York Dolls (influencias directas de Moz en cuanto a su amplia estética), apenas pasadas las 21:30, Steven Patrick Morrissey – ás conocido por el mundo entero por su apellido-  salió a escena junto con su banda. Luego de enfrentados los seis integrantes y hecha una reverencia que por lo visto es de rigor, el mancuniano le dijo al público “I came here to spill my heart” (“vine a derramar mi corazón”, cosa que hizo) y enseguida sonaron los primeros acordes de uno de sus megahits solistas, “Suedehead”, de su primer disco Viva Hate de 1988. Sin pausa enganchó con “Alma Matters”, del Maladjusted de 1997. Y así tuvo al público durante toda la duración de su magnífico show: llevándolo de una época a otra sin escalas.
Si bien del disco que vino a defender, World Peace Is None of Your Business (2014), sonaron el tema homónimo y alguna que otra canción como “Kiss Me a Lot” y “Staircase at the University”, el grueso del show estuvo compuesto por temas previos de su fecunda etapa en solitario. No faltaron joyas (salvo “Irish Blood, English Heart” para quien esto escribe) como “First of the Gang to Die”, cantada casi a capela y con Moz haciendo palmas; “Ganglord”, contundente alegato anti policial, con proyecciones de palizas brutales y procedimientos policiales no del todo correctos; “Speedway”, en la que la banda intercambió instrumentos y el tecladista Gustavo Manzur -el aporte latino de la música de Morrisey en la actualidad- cantó una parte en español; “The Bullfighter Dies”, el breve tema en el que Moz se despacha ante los toreros y las corridas; “You Have Killed Me”, en la que se hace el tano; “I’m Throwing My Arms Around Paris”, en un claro homenaje a las víctimas de los atentados ocurridos en la capital francesa en noviembre con la bandera tricolor de fondo, y “ The World is Full of Crashing Bores”, en la que el siempre inconforme Morrissey se burla del príncipe Harry y Kate Middleton, con una imagen de fondo suya que reza “United King-Dumb”, en un típico juego de palabras con la sorna británica.
Por supuesto hubo temas de la banda por la que será recordado siempre, los Smiths: una alucinante versión de “How Soon is Now?” en la que hubo lugar hasta para el sonido de un gong (que fue clave en otras canciones también, sobre todo en las del disco que vino a presentar), una versión más esquelética que el original de “This Charming Man”, que sonó a una extraña cruza entre The Strokes y Babasónicos (para oídos locales, claro); también “What She Said”, poco reconocible para la mayoría pero bienvenida al fin y, sobre el final, una densa versión de la ya densa “Meat is Murder”, durante la cual se proyectaron imágenes truculentas de animales siendo sacrificados que finalizaron con la leyenda “la carne es asesinato, ¿cuál es tu excusa ahora?”, para así evitar cualquier sutileza en pos del mensaje. Seguramente después de lo visto no muchos hayan ido a por un chivito.
Por suerte, entre medio hubo una vuelta a sus hits solistas con el esperadísimo “Everyday Is Like Sunday”, para cerrar en el bis con otro inoxidable clásico de The Smiths, “The Queen Is Dead”, con Morrissey ya sin remera a esa altura y demostrando que, a sus 56 pirulos, este tipo mezcla del Elvis de las películas y una tía abuela es más rock que mucho de los que andan en la vuelta. No se verá nunca a The Smiths reunidos, pero este año estuvieron por separado Johnny Marr y Morrissey. Es lo más cerca que se podrá estar de ver a la emblemática banda pero, sea como sea, se puede decir hoy: ¡larga vida a Moz!
Julio Pérez (@JotaperezJulio)
Fotos: Bruno Larghero

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