Montevideo Sound City: una grilla a prueba de errores

Hubo algún detalle a corregir para próximas ediciones, pero el Montevideo Sound City se ganó justamente el derecho a poder hablar de próximas ediciones
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Dicen que en Coachella podés estar mirando un show y de repente darte cuenta de que tenés a Rihanna al lado, fumando porro subida a los hombros de alguien. A escala, en el Montevideo Sound City podías cruzarte con Alfonsina Álvarez saliendo en solitario del show de Eté & Los Problems para ir a su propio toque. Y al rato tenerla sentada a un par de filas de asientos para ver a Buenos Muchachos. Es que en Uruguay es todo muy chico, en Montevideo más, y adentro del Sodre lo es más todavía.
La idea parecía extraña en la previa: un festival con quince shows, con 17 artistas en total, con tres escenarios, con un debate, con tres charlas y con feria de libros y discos, todo metido adentro del Auditorio Adela Reta. El espacio parecía demasiado escaso. Pero, aunque con aspectos para corregir, el Montevideo Sound City salió bien.
Para empezar por lo peor, hay que criticar el servicio de comida y bebida. Los festivales, recitales grandes y hasta las fiestas suelen disponer barras largas para comprar algo para tomar, pero -quizá con la idea de que la gente no sería demasiada- se optó por una única barra que tenía enfrente una continua fila extensa. Eso ya de por sí sería algo malo. Lo peor, sin embargo, es que la cerveza se acabó hacia las 20, 21, con todavía dos o tres horas de festival por delante. Mientras tanto, para comer se armó un café muy prolijo, que durante los shows estaba bastante vacío, cómodo y elegante, pero que en los espacios breves entre actuaciones estaba desbordado, sin el suficiente personal ni la suficiente comida -las medialunas, al menos, se habían acabado poco antes de las 21-.
En cuanto a los shows propiamente dichos, se puede aplaudir la diversidad de opciones y la apuesta por artistas más nuevos y de menor convocatoria como Sr. Faraón, Sebastián Casafúa y Mushi Mushi Orquesta, en conjunto con los ascendentes Eté & Los Problems, Alfonsina, AFC, Dostrescinco y Croupier Funk, y otros ya establecidos como Los Prolijos, Hermanos Láser, Franny Glass y Garo Arakelian -”Mandrake” Wolf, Hablan Por La Espalda, los argentinos de Onda Vaga y en particular los Buenos Muchachos están en otra categoría-. Hubo funk, hubo hip hop, hubo bluegrass, música instrumental, pop acústico, candomblues y rock puro, y eso está buenísimo.
Se puede criticar, también, que quedó afuera la escena más emergente  de grupos y artistas criados en plataformas digitales, que habrían aprovechado la oportunidad de tocar en el Sodre tanto o más que la grilla definitiva. Lo que el Montevideo Sound City se aseguró fue una serie de espectáculos ajustados, ya testeados, sin errores ni dificultades de sonido.
En cuanto a las charlas, aspecto diferencial del Montevideo Sound City, a quien escribe le bastó escuchar un rato de la presentación de Fermín Solana junto con Juanchi Hounie para ir a comprar Paracetamol 500, el libro del vocalista de Hablan por la Espalda sobre las giras del grupo. Además, “Mandrake” Wolf acompañó a Andrés Torrón para hablar del 111 discos uruguayos -Wolf estuvo atareadísimo toda la tarde y noche, e incluso se lo vio en el estudio montado por Océano FM, charlando con los muchachos de De arriba un rayo-; y Mauricio Ubal y Jorge Nasser debatieron sobre streaming con el especialista Carlos Tarán.
El premio al más divertido se lo llevó Leo Lagos, que aprovechó que le tocaba hablar de Quiero puré: memorias del rock nacional para llevar su guitarra y recordar que de chico no le salía tocar canciones de Zitarrosa, pero escuchó a Los Estómagos tocando “Gritar”, un tema que podía interpretar en las seis cuerdas con solo dos dedos, y que eso le bastó para entender que no había que ser un maestro del instrumento para escribir canciones. Lo que sí, “tenías que tener algo para decir”.
Yendo a la música, “Mandrake” abrió hacia las 16 en el escenario Tanqueray, armado en el hall del Adela Reta, acompañado solo por su guitarra acústica; al igual que Alfonsina, que tocó más tarde ahí mismo, su show dio la impresión de no estar a la misma altura que sus conciertos con banda. De todas formas en ambos casos se trata de músicos con la suficiente espalda como para que sus espacios no hayan supuesto un verdadero punto bajo: en el caso de Wolf, tiene su vasta obra para apoyarse y una gran cancha arriba del escenario; en el caso de Álvarez, su voz y las expresiones de sus ojos alcanzan.
El escenario Tanqueray se vio mejor utilizado por Sr. Faraón o Franny Glass, el segundo más acostumbrado a tocar por sí mismo, el primero con una gran capacidad para adaptarse a pesar de no tener tampoco más que una guitarra y algo para distorsionar un poco su voz.
La otra banda que arrancó el festival, a la misma hora que “Mandrake”, fue la combinación de Mushi Mushi Orquesta y Ojos del Cielo en la Sala Hugo Balzo, dos grupos de música instrumental que ya habían probado funcionar bien en conjunto. Quizá faltos de una mayor puesta en escena, algo difícil en la movida montevideana, fueron de cualquier forma un punto alto temprano.
Los Prolijos tuvieron otra estrategia para escalar a los primeros puestos del festival: se cargaron de invitados: “Mandrake” Wolf cantó “De ellos dos”, Fede Lima cantó una versión alegre de “Gris”, más en línea con su personalidad musical actual, Tabaré Rivero cantó “Un romancero” y Gabriel Peluffo le puso todo su carisma a “Carretera perdida”. Encargados de inaugurar la Sala Fabini, la principal del Sodre, más allá de los invitados Fede Graña y compañía le pusieron toda la onda y buen humor que los caracteriza, desde sus canciones propias como “Hoy” o “Los locos”, a un cover de “El pibe de los astilleros” de los Redondos.
A la misma hora, Eté & Los Problems brindaba un espectáculo prácticamente antagónico en la Hugo Balzo: ahí donde Los Prolijos tienen un estilo más canchero para vestirse, la banda liderada por Ernesto Tabárez estaba de negro liso para derrochar toda la intensidad que le ponen a sus actuaciones en vivo. Tuvieron de invitados a Martín y Sebastián Cáceres, de Hermanos Láser -los otros ex integrantes de Vieja Historia junto con Fede Graña- para “Milonga de Manuel Flores”, se mandaron una tremenda versión de “Jordan” y cerraron con mucha energía en “No sé lo que pasó”.
Un rato más tarde, una sucesión de toques atravesó las mismas antípodas: mientras Croupier Funk hizo parar al público de la Sala Fabini al grito de “a sudar, gente”, Hablan por la Espalda logró el mismo objetivo en la Hugo Balzo a base de su fuerza y de un Fermín Solana electrizado. Puntos para los liderados por Gahi Traore en su rol de “Big Guy” y Victoria Ripa como “V The Provider”, ya que la Croupier no solo es disfraces, arengas al público y baile también arriba del escenario, sino una banda funky tremendamente talentosa.
HPLE necesita menos introducción, dada su larga historia en la escena local, pero también dada su propensión a mutar hay que destacar que esta última encarnación rockera, post Sangre, es un golpe directo al pecho, a caballo de temas potentes como “Ojos de luna” e “Himno del incendio”, y también de otros más variados como “En los días más oscuros” o como “Sangre (la carga)”, que permite el reingreso de sus influencias candomberas. “Todos los días hay que estar agradecido”, dijo Fermín.
La última banda en arrancar fue Buenos Muchachos, que desplegó su típica espectacularidad instrumental -cualquiera de los integrantes del grupo está entre los mejores en su instrumento, en especial los guitarristas- y un show de luces algo epiléptico aunque muy bien trabajado para un set más bien basado en su última etapa, con el fenomenal Nidal y el denso Se pule la colmena a la cabeza. Faltaron los mayores hits, léase “Y la nave va”, “He never wants to see you”, “El faro”, “De a dos mejor”, “La hermosa langosta aplastada en la vereda” o “Temperamento”, y en lugar de eso la banda recurrió a los asaltos emocionales de “Sin más” o “Mi rincón”, y la mayor luminosidad de Nidal.
Fue un show breve, de apenas una hora, pero gracias al buen humor que le pusieron Pedro Dalton y Marcelo Fernández, y a que ni ellos ni el resto del grupo fallaron ni una vez, bastó para coronar el festival en una nota alta.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)
Fotos: Josefina Brum (@Josbrum)

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