Mandrake y Los Druidas: comienzos, comienzos

El músico se apartó de Los Terapeutas de siempre para inclinarse hacia un sonido más crudo
Fotos: Bruno Chechi
El jueves pasado la Zavala Muniz del Teatro Solís se preparó para recibir a Mandrake y Los Druidas, el nuevo proyecto musical de Alberto “Mandrake” Wolf. Tras publicar el corte de difusión “Estos son los días”, el músico decidió no esperar hasta el lanzamiento del disco para presentar a la banda que conforman Federico Anastasiadis (baterista de los bluseros Oro) y los, para felicidad de Mandrake, “peludos” Nacho Echeverría, bajista de Buenos Muchachos, y Nacho Iturria, guitarrista de Croupier Funk (como dijo Wolf recientemente a El Observador, para él falta más “gente peluda”).
Ante una sala colmada de público expectante y curioso, las luces cenitales iluminaron a los cuatro músicos que miraban hacia el centro de un escenario circular, rodeado completamente por la audiencia. Los primeros acordes de “Comienzos. Comienzos” sonaron y fue el segundo acercamiento a lo que será el primer disco del grupo.
Los Druidas son el resultado de una búsqueda de nuevos sonidos en la que se ha embarcado Wolf. Si bien las canciones tienen un sonido más crudo y no tan pulido, son, en esencia, canciones de Mandrake. Y se reconocen. “Techo de estrellas” es, quizá, uno de los mejores ejemplos de esto. Se trata de su reencuentro con una mujer del pasado. Tras una larga conversación sobre la vida –y el ex marido de ella- y algunos besos, lo invita a su cuarto, donde descubre que tiene un techo de estrellas. “Es cuando pintabas el techo de negro y le ponías unas luces que simulaban ser estrellas, era para tirarse a fumar un porrito y escuchar Pink Floyd”, contó Mandrake en el show con su típica y cómica forma de introducir las canciones. Otro ejemplo es el título “Hombre rana”, con la que se inundó la sala de luz verde.
El show fue íntimo y balanceó al público entre el blues y un rock de vuelta a los orígenes.  “Hacete cargo” fue una de las más representativas de este nuevo sonido crudo. Pero la canción que encendió a la sala fue “El camino de la babosa”, incluso más que la conocida “Estos son los días”, lo que abre la interrogante de si no hubiera funcionado igual, o mejor, que la elegida como corte.
Las canciones se compactaron en poco más de una hora de show que dejó claro el nuevo camino de Mandrake Wolf y la influencia de sus nuevos y jóvenes compañeros. El público escuchó atento y compenetrado la seguidilla de temas que compondrán el primer disco de la banda, a grabarse en mayo de este año con el productor Guillermo Berta. Se despidieron con los bises “Es cierto” y “Boogie”, y abandonaron el escenario con los aplausos que llegaban desde todos los rincones de una sala completamente de pie.
Por Agustina Rodríguez

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