La medicina musical de Cory Henry

El tecladista de Snarky Puppy pasó por La Trastienda junto con dos miembros de los Funk Apostoles  para dar un recital basado en el virtuosismo y la improvisación, y poner sobre el escenario su visión de la música como una “medicina”
Fotos: Mathías Arizaga
En la noche del viernes pasado, Cory Henry subió al escenario de La Trastienda con mochila como si recién hubiese llegado del aeropuerto. Tras el recibimiento de una sala llena, el tecladista de Snarky Puppy se sentó frente a un muro de teclados. Y mientras se preparaban los dos miembros de los Funk Apostoles que lo acompañaron (Taron Lockett y su batería llena de platillos, Sharay Reed y su bajo de cinco cuerdas), Henry se presentó y le hizo una invitación al público: “The Revival [refiriéndose al título de su último álbum] es la música que te hace sentir bien. Y para el final de la noche quiero que todos se sientan bien”. 
Inmediatamente el trío dio comienzo a la música y, desde ese momento hasta que se extinguió el último acorde de la noche, probó por qué el jazz se disfruta de mejor manera cuando se oye en vivo. A partir de las composiciones en las que cada músico tuvo su momento de improvisación (apenas en la segunda canción el baterista ya se había llevado una gran ovación gracias a un solo frenético), se pudo presenciar cómo la música cobraba vida sobre el escenario gracias a la fuerte comunicación entre los miembros de la banda y la forma en que se comprometieron para brindar un espectáculo. La espontaneidad de la improvisación incluso sorprendía a los músicos, que se reían y alentaban entre sí.
Pero el jazz no fue el único género presente. Durante la primera parte del recital, con un repertorio puramente instrumental, el trío también interpretó piezas de funk y soul en el que el público aplaudía cada vez que Henry demostraba su virtuosismo frente a los teclados (un hipnótico solo con el sintetizador Moog fue uno de los mejores momentos de la noche).
“La música es un lenguaje universal”, dijo Henry en un momento de la noche y lo demostró con el desempeño del trío: sin necesidad de pronunciar una sola palabra, el público sonreía y disfrutaba mientras acompañaban el ritmo con los pies y las palmas. Sin embargo, las mesas y las sillas colocadas en la sala para los espectadores impidieron el movimiento cómodo o incluso el baile.
Se podría decir que la segunda parte del recital comenzó cuando Henry se acercó el micrófono y comenzó a cantar. Con tres versiones de clásicos unidos por la emotividad de sus letras, Cory Henry logró una intimidad tan profunda que la mínima conversación o aplauso fuera de tiempo amenazaba con romper su concentración. Living For the City” de Stevie Wonder, en la que el tecladista invitó a que el público aplaudiera mientras cantaba sobre el racismo y la pobreza, y “A Change Is Gonna Come” de Sam Cooke, que retrata el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos de la década de los sesenta, fueron de los puntos más altos del show: la crudeza de la letra y los gritos del cantante dejaban un nudo en la garganta. Pero el mejor momento llegó con ”Yesterday” de los Beatles, en la que Henry quedó solo frente al teclado para ofrecer una versión brillante y desgarradora en la que repitió innumerables veces la frase “Creo en el ayer” (“I believe in yesterday”) para poner lágrimas en mis ojos y arrancar un aplauso sin parar del público apenas finalizó.
Con estos tres temas, los músicos construyeron un momento tan triste y hermoso que parecía imposible recuperar el ambiente alegre que reinó durante las canciones instrumentales. Pero Henry comenzó a tocar “NaaNaaNaa” para cumplir con su mandato: que todos se sintieran bien para el final. Ese tema, extremadamente alegre y que el músico definió como “medicina musical”, revivió al público para corear la letra simple (un simple y efectivo “Naa naa naa”) mientras aplaudía al ritmo.
Luego de que el público hubiera absorbido la alegría propuesta, el trío se despidió para volver minutos más tarde y cerrar con una canción del álbum First Steps (2014). Sin embargo, durante ese último tramo del recital no pude sacar de mi mente que en la transición entre “Yesterday” y “NaaNaaNaa” Cory Henry acababa de demostrar por qué la música es fundamental para el ser humano: es una especie de medicina, que puede modificar nuestros sentimientos para brindarnos momentos de felicidad.
Después de que el grupo se despidió y terminó el show, salí de La Trastienda con una sonrisa que tardó en borrarse. Me alegra saber que no fui el único que se sentía así porque al irme pude ver que el resto de los asistentes se retiraban con una mezcla de asombro y admiración.
Henry cumplió la promesa que hizo antes de comenzar a tocar.
Texto por  Rodrigo Guerra

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