Guillermo Peluffo: “Me preocupa mucho la falta de corporativismo que tenemos entre los músicos”

El cantante de Trotsky Vengarán Guillermo Peluffo habló con MOOG sobre el show que la banda dará este sábado en el Teatro de Verano, sobre el disco en vivo que editaron recientemente, Juegues donde juegues, sobre el humor de Capusotto y sobre el rock nacional y qué quiso decir recientemente cuando dijo que este había pasado de moda
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No soy muy fan de los discos en vivo, pero me parece que en el Juegues donde juegues se transmite bien lo que es la energía y diversión de un show de Trotsky.
Bueno, muchas gracias.  A uno le queda la duda de si el disco en vivo no es un mirarse el ombligo. Uno obviamente que en el proceso entiende que hay necesidades de plasmarlo, pero siempre le queda la duda.
Pasa que yo suelo preferir el sonido en estudio que en vivo. Pero vos has dicho en más de una entrevista que las canciones de Trotsky tienen otra vida en el vivo y es cierto.
Somos una banda que se fue articulando alrededor de su show en vivo. No desde el principio, pero en los últimos discos lo que nos preocupa es cómo sumar canciones a un repertorio que es muy efectivo, que a la gente que sigue a la banda le gusta mucho; al mismo tiempo seguir generando obra, pero que esa obra se articule dentro de un repertorio. Yo no me considero ni de cerca un cantante a ser tenido en cuenta, pero cualquier elemento bueno que tenga -no sé distinguir cuál es- sucede en vivo mucho más que en el estudio. Hay una impronta, hay algo que funciona mejor; la vibración, lo espontáneo, y aparte que la gente te transmite mucho. En los shows de Trotsky el público termina siendo un aspecto importante.
De todas maneras, también aprendimos de ir a tocar a Buenos Aires o a lugares en que no tenés ese respaldo del público lo importante que es estar seguro de lo que uno canta. Vos no tenés tiempo de parar a la gente y decirle “acá va un arreglo con dos guitarras, que ahora ustedes no van a escuchar” [se ríe]. Estamos muy pendientes de sentirnos bien arriba del escenario.
Hay bandas, como los Buenos Muchachos, que se supone que suenan mejor en un lugar como Bluzz que en el Teatro de Verano. De Trotsky pensaba al revés, sin embargo me parece que está mejor logrado el primer disco de Juegues donde juegues, grabado en Bluzz, que el segundo grabado en el Teatro.
Quedó mejor. Es que en el proceso un montón de canciones que queríamos que fueran parte de la grabación no fueron bien interpretadas o tuvieron algún desperfecto técnico, más el cambio de integrante, que nos dejó nuestro bajista Tito y nos hizo redimensionar todo. También sucedió que nos llovió mucho. Entonces todos los micrófonos del público no se escuchan; aparte tenemos un sonidista que nos hace sonar muy fuerte, muy alto de verdad, y el público casi no se escucha [se ríe]. Falta esa parte. Me quedé más tranquilo cuando escuché… Tengo una hija adolescente que le gusta mucho Megadeth y en unos viajes de verano tuve que escuchar un disco de Megadeth en vivo sin parar; sin compararnos por supuesto ni con la carrera, ni con el estilo, ni con el volumen, ni con el profesionalismo de Megadeth, me di cuenta de que hay toda una corriente de discos en vivo en que el público no existe.
En los shows de Trotsky se da una gran conexión con el público, casi como una conversación.
Es como una conversación inconclusa. Tratamos, para sentirnos cómodos, de desmitificar o borrar esa línea entre el artista y su público, esa cosa del escenario, de que tenés que escucharme. Nosotros al revés, queremos llamar la atención, no le pedimos ninguna condición a nadie ni de conocimiento musical ni de predisposición para escuchar la banda. Entonces generamos una cosa más descontracturada, de reírnos un poco de nosotros mismos y de cosas que suceden en los recitales de rock uruguayos, que se vuelven muy pintorescos. Si te subiste todo vestido, concentrado para tocar… es Uruguay. De repente en el escenario se mete el humo de los chorizos. Te vas curtiendo de esa manera, tocando en ferias, en cosas de estudiantes. Ahora que somos más conocidos nos invitan a fiestas de localidades del interior, lugares muy pequeños. Queda como ridícula esa impostura de “vengo a traer mi obra”. Es más sencillo lo nuestro. A lo que no renunciamos es al estilo, al género, a la guitarra pesada, machacando, distorsionando. Un poco riéndonos de la desgracia, que es la mejor manera de sobrellevarla.
¿Cuál vendría a ser la desgracia en el Teatro de Verano, ponele?
Te afecta en el sentido de la lluvia, por ejemplo; te afecta, bo. Yo me siento culpable de hacer ir a la gente a un lugar donde está lloviendo sin parar. Te ponés a pensar en esas cosas. Nos preocupamos de que la gente la pase bien, nos rompemos el alma y no nos abstraemos nunca del todo. No vamos volando en nuestra nave espacial cabalgando en nuestra música. Yo canto mirándole la cara a la gente. Si hay alguien que está hablando por celular, me pongo a cantar mirándolo más fijo a ver si se da cuenta. Es dar un show más de cara a la gente.
Me hiciste acordar al Mangueras Musmanno Rock Festival de Capusotto, en que el fan se pregunta por qué se tiene que mojar si fue él el que pagó y no el artista.
[Se ríe] Es que Capusotto y su socio Saborido tienen una percepción muy aguda de esas cuestiones colaterales que tiene la cultura del rock de las cuales no se habla y que las padecés cuando vas ahí todo el tiempo. Cosas casi tragicómicas. Festivales o bandas, bandas tributos de tributos; y se convirtió en un humor que para los que están en la cultura del rock es muy divertido. Desopilante y a la vez te descontractura de un montón de problemas: es así y hay que reírse de eso, no hay otra manera.
Recién hablaste un poco de tocar en el exterior. Contaste que la idea del videoclip de “Cuando no es para vos” se les ocurrió en Colombia.
Exactamente. Tenemos unas bandas colombianas que conocimos en Buenos Aires, intercambiamos material, se llevaron discos nuestros para Medellín y distintos artistas de allá -alguna¿os de género y otros no tanto- son tipos muy abiertos, no solo con Trotsky, con un montón de bandas. Conclusión, que hay un montón de colegas que les gusta Trotsky, que le muestran a su público “miren esta banda uruguaya”; nos organizaron una vez un recital con cuatro bandas para que nosotros cerráramos el show y su público viera lo que era Trotsky en vivo.
El año pasado nos invitaron a cerrar un festival de una banda de ska-punk que se despedía después de 22 años de trayectoria. Antes de esa banda tocábamos nosotros y no dimensionamos eso hasta estar ahí. La banda era impresionante, con un show avasallador, y todo su público nos recibió con una gentileza y una amabilidad extrema, y lo único que les pedimos era que por el tipo de recital que era nos daba vergüenza tocar más de 40 minutos. Está todo bien, pero se despide una banda legendaria. Entonces el día anterior le tocamos a la gente hasta que se aburriera. Y cuando vimos las grabaciones, que era como armar el escenario acá [señala el bar donde se está haciendo la entrevista], con gente caminando entre los equipos, como un recital de inicios de la banda. Y cuando vimos la grabación con la gente en primer plano, dijmos: “¿Por qué no tenemos un video grabado así? Estos son los recitales que nosotros veíamos cuando teníamos 15 años, 17 años, que veías en la tele o en documentales de lo que eran las bandas de rock and roll de garage”. Así se cerró el círculo de terminar de armar este disco en vivo y poner las dos caras de la moneda en un solo disco: un recital grande, masivo, para todo el mundo, y un recital que si bien es para 300, 400 personas, son tipos que se conocen al dedillo el universo de la banda y festejan toda la jugada.
Pensamos que nosotros lo único que hacemos es tocar canciones para que la gente la pase bien, sin dudas lo que hacemos es para que del otro lado alguien nos disfrute. Cuando hacés este tipo de recitales sabés qué público que te va a ver y te imaginás qué es lo que esperan de vos. Quiere desconarse escuchando sus canciones favoritas y nosotros se las tocamos. Es un trabajo sucio pero alguien tiene que hacerlo [se ríe].
Ahora se viene el Trotsky Horror Show el 31 de octubre. ¿La idea es como este disco un repaso de temas menos conocidos de la banda?
Sí, a este disco le faltan algunas de esas que se tocan en los festivales, que las conocen esos que no están tan familiarizados con la obra de Trotsky. No están incluidas a propósito, porque si no siempre estás mostrando el mismo lado. Nosotros no es que hagamos una variedad interminable de estilo de canciones, pero sí no es unidimensional. Para que la gente es las que elige y las pone en el lugar que ocupa, las más sencillas con el coro más pegadizo. Al mismo tiempo no queremos, en el tercer disco en vivo… Del primero al segundo creo que repetimos solo un par canciones, y cada uno tiene más de 20 temas. Y en este lo mismo. Solo se repiten cuatro. Se trata de articular el show de otra manera y mostrar un costado distinto. Me encantaría estar en ese lugar, pero no es el tipo de disco que saca la banda que vos sabés que, yo soy fanático de bandas que saquen lo que saquen lo voy a contar, nosotros no somos ese tipo de banda y no queremos venderle lo mismo a la gente. Para este show, a diferencia de lo que es el disco, le sumás las canciones conocidas: “Detrás del arco”, “Vestida para matar”, “Hay que saltar”…
“Historias sin terminar”.
Exactamente, la versión de “Un beso y una flor”, esas canciones que son masivos dentro del rock nacional y gente que no conoce mayores detalles del rock nacional igual las conoce de escucharlas en la radio, aunque sea en programas deportivos. Cuando salimos a un Teatro de Verano, el primero que compra la entrada es el que siempre te quiere ver y después un montón que te van a ver cada tanto, te puede ver una vez por año, una vez cada dos. Y el asunto es que todos la pasen bien a su manera. En este caso le pusimos el Horror Show porque nosotros festejamos todos los años la Noche de los muertos el 2 de noviembre y este año no quisimos convocar a la gente un domingo. Lo que hacemos con la Noche de los muertoes es que un día nos dimos cuenta de que tenemos infinidad de referencias por supuesto que al diablo, a la muerte, cosas típicas del rock and roll; hay canciones que se llaman “Cerca del infierno”, “El diablo en el hombro”, “Vampiros” y dijimos “¿por qué no armamos una Noche de los muertos?”. Aparte era el único día que podíamos conseguir boliche libre, y se convirtió en una fecha que mucha gente espera.
Y este año aprovechan Halloween.
Sí, sería un Halloween-noche de los muertos-recital de rock. No es una estrategia de marketing, efectivamente vamos a tocar canciones de la Noche de los muertos, pero son maneras que uno precisa para reinventarse y presentarse ante la gente de una manera nueva. Somos una banda que siempre está haciendo obra nueva, tratando de presentarse siempre con la cabeza de que hay alguien que te está viendo por primera vez. Y ahí vamos.
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En más de oportunidad recientemente hablaste del rock nacional en términos de que ha pasado de moda…
[Interrumpe] Hay más de una entrevista que se volvieron referencias un poco desagradables a las que no quiero volver a referirme, pero eso lo dije en el sentido de que no fue el fenómeno que sucedió a partir del 2002 y explotó como en el 2004. Vos veías bandas que salían todo el tiempo, que rápidamente estaban tocando en la Zitarrosa por ejemplo, bandas que tenían cada una su perfil original y bandas como nosotros que tocábamos para 100 personas y se nos empezó a prestar más atención, o bandas clásicas del rock uruguayo que se presentaron nuevamente ante un público que los vio con otros ojos: lo que le pasó a Buitres, lo que le pasó a La Tabaré, al Cuarteto. Generó como una buena onda, el público estaba predispuesto positivamente hacia el rock uruguayo.
Cuando algo pasa de moda, quiere decir que esa predisposición se diluye, no es que no pasen cosas nuevas, pero las bandas que están saliendo ahora no tienen cómo plantarse porque no hay una escena local ordenada. Están todos igual de embromados, así hagas reggae, jazz fusión o hip hop, hay cuatro boliches para tocar en Montevideo. A eso sumale los que hacen otros géneros que no tienen nada que ver con el rock, porque hay lugares donde se desdibujan los límites. Pasamos de tener un festival gigantesco a no tener dónde desarrollar una carrera, ni siquiera presentarse en sociedad. Eso es lo que traté de expresar. Pero simultáneamente hay bandas que lograron una popularidad extrema a nivel continental, como No Te Va Gustar, El Cuarteto, La Vela; lo lógico sería pensar que del lugar en donde nacieron esas bandas se estaría gestando la próxima, que seguramente esté sucediendo y no tenga la oportunidad.
El otro día hablábamos con Fede Lima y nos decía que para él ya se bajó todo lo que se podía y ahora se estaba empezando a subir lentamente otra vez, porque veía volver a la Fiesta Final, veía que volvían los concursos de bandas…
Eso lo he escuchado por otros actores. La otra vez un amigo me comentaba que uno de los Hermanos Láser había dicho que la escena donde se mueven ellos estaba preciosa, que lo único que faltaba era gente [se ríe]. Yo soy una persona que hablo demasiado a veces, pero no se lo podés achacar a los medios, porque los medios perdieron público, no existen los grandes medios como hace 20 años, en que podías pensar que alguien decidía qué es lo que tenés que ver en la tele o escuchar en la radio. El poder de la radio se ha diluido con las redes sociales, vos ya no precisás un periodista para conocer una banda. Es más, cuando te hacen una reseña de un disco, de repente vos ya lo conocías desde hace seis meses. ¿Hace cuánto no vas a escuchar un disco porque leíste una reseña? Ya no pasa como antes. Y al mismo tiempo esa culpa de “alguien te está jodiendo” no existe, pero la lógica de los comportamientos sociales cambiaron. La gente ya no sale igual que antes, de repente se junta pero en grupos en su casa. Cambiaron las costumbres.
¿Y qué se puede hacer?
Y los artistas tienen que, junto con los productores y otros actores, tenemos que ponernos a pensar cómo llegarle a esa gente. Me resisto a pensar que la única música que se pueda escuchar para divertirse sea la cumbia. Yo no quiero atacar a los músicos de cumbia ni al género ni a nada, pero me sorprende que la puerta de los boliches del Cordón que pasan cumbia están hasta las manos. Todo ese público antes se divertía escuchando otra música. Lo que reclamo es que los artistas tienen que convertirse en productores y olfatear por dónde van las cosas. A veces tenés que dejar de lado esa cosa del artista y “mi obra inmaculada”, hay que ensuciarse e ir a tocar donde la gente está. Ojalá sea como dice Fede Lima. Yo estas situaciones, tengo 45 años, las vi en el pasado. En el ’88 había 800 bandas por esquina y en el ’91 no había nada, un solo lugar para tocar. Las bandas que salíamos en ese momento tocábamos en festivales universitarios o casas de amigos.
¿No son ciclos que se dan?
Hay cosas que no son solo procesos, hay cosas que se pueden romper para siempre. Yo visitando a un amigo en Madrid en el año ’89, me dijo que estaba asistiendo al funeral del pop español; que como el gobierno socialista iba cerrando los locales que molestaban a los vecinos, los grupos ya no tenían dónde tocar y para él se había acabado. Y fue lo que sucedió. No hubo más pop español durante diez años. En los 80 todos los meses te llegaban diez bandas españolas que la rompían, de cualquier género que quisieras. Y de repente no sucedió más. Ahora las cosas que salen de España son los programas estos de juegos. Mirá que las cosas si no las cuidás se pueden romper, mirá que Bruce Springsteen y otros artistas en Nueva York están tratando de formar una liga de artistas porque no hay artistas en Nueva York. Las ciudades cambian y los artistas de repente se van. Parece ridículo, pero te puede pasar.
Yo veo una dialéctica entre el rock y la cumbia en Uruguay. Cuando una sube el otro baja.
Puede ser una manera de leerlo, pero en realidad… Es bastante lógico que una cosa sea muy popular, después no lo sea tanto y venga otro género que lo sustituya, pero no puedo decir que la cumbia  vino a sacarle el lugar al rock ni al revés.
Es que no compiten por los mismos espacios. Pero coinciden las subidas de uno y bajadas del otro.
Nosotros cuando se generó nuestra popularidad y salimos a la calle, con ese fenómeno del rock nacional, íbamos a tocar a los boliches del interior que tenían escenario porque tocaban grupos de cumbia. Al bolichero la cumbia ya no le llenaba tanto y hacía un día de rock y un día de cumbia. El bolichero precisa gente. Y por lo que sé, la gente no va tanto ni al baile ni siquiera. Hay un fenómeno popular, que es este de la cumbia cheta, pero yo no creo que esté ocupando el lugar de nadie. Aparte en el medio hay mil cosas. Nos olvidamos en la ecuación: solo comparamos música uruguaya contra música uruguaya y en la ecuación hay un montón de artistas internacionales que marcan la agenda. No tiene nada que ver, pero andá a saber si una visita como la de Paul McCartney no es contraproducente. Fue un año de Paul McCartney, si sacaste un disco ese año, fuiste. Fue tanto Paul McCartney que lo trajeron enseguida y la segunda vez fue la mitad de gente. La uruguaya es una sociedad muy atomizada, muy chiquitita, y con las redes estamos hablando todos de lo mismo al mismo tiempo. Se está perdiendo la diversidad, los fenómenos quedan arrinconados, no son diez alternativos, son mil. Y eso de que cada uno pueda tener su propio mundillo te termina jugando en contra. Yo vengo de los 80, donde todas las bandas querían ser la número uno del mundo. Los Clash querían ser los números uno, los Pistols, los Ramones, y ahora las bandas que están te dicen “no quiero que me escuche nadie”. Entonces no te va a escuchar nadie.
Bueno, Nirvana quería escapar de la fama también.
Ese es un discurso también. Pero todos querían ganarle a Elvis en su momento. No pueden desaparecer las bandas que tienen un perfil original, con mensaje más particular, son fundamentales, pero a la vez son fundamentales las populares que invitan a todo el mundo. El éxito, como se castiga mucho en Uruguay, capaz que genera que no se cuide eso de la popularidad como algo positivo. Es una discusión medio compleja. Cuando te lo cuento estoy pensando en voz alta, no tengo una cosa clarísima de por dónde va; sí tengo claro que vos tenés que aprovechar tus oportunidades, y es una  lástima que si no hay medios o mecanismos de difusión de repente hay fenómenos que quedan tapados. Por ejemplo, ¿viste la canción de Loop Lascano “Gris”? Cuando salió, y después en la primera etapa de YouTube que ya estaba colgada, era impresionante, ¡pero no la pasaba nadie! No sirve de nada que diez años después homenajeemos a “Gris”, la gracia hubiese sido que Loop Lascano estuviera tocando con todo. A eso me refiero. Como es pre-auge del  rock, cuando resurgió Loop Lascano no existía. Eso es terrible.
A Elefante le pasó lo mismo.
También, exacto. Volvieron ahora, pero por el lado de la necesidad de mostrar su obra y expresarse, no vienen a hacer un negocio, un comeback y llenar un teatro. Tienen necesidad de reencontrarse con su música, con su público, de presentarse a las nuevas generaciones. Nosotros en su momento hacíamos fecha juntos con Elefante y no vendíamos 150 boletos. Ellos tenían una imagen genial, estaba Stella Maris vestida preciosa, pintada, peinada, y eran 150 tipos; muchos de ellos eran nuestro público e iban a bardearlos por tener una mina que cantaba. Eso es lo triste a veces del rock. Pero tenían mucho potencial y yo no soy de los que se conforma con que la historia les guarde un lugar, a mí me parece que las cosas son para vivirlas en el momento. Elefante era muy buena banda y se merecía recitales más lindos en su momento dorado; lo mismo Loop Lascano y andá a saber cuántas más que están tocando ahora. Me preocupa mucho la falta de corporativismo que tenemos entre los músicos. Puede ser algo negativo si se usa con fines espurios, pero en realidad los músicos nos tendríamos que cuidar más y darnos el lugar que nos merecemos, y los músicos de rock tenemos que reconocernos como cultura y no como un bandido que entra de noche.
Hay una movida de sellos independientes ahora que quizá lo tienen más armado eso.
Eso está perfecto, pero no puede ser que cada vez que alguien sale salga otro colega a bardearlo. Tendríamos que cuidarnos un poquito más. Eso solo pasa acá, es el contra del contra del contra.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)
Fotos: Agustina Rodríguez (@aagusrodrigueez)

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