Fito Páez: tres décadas Girando

Con el Ramón Collazo desbordado de gente el miércoles pasado, Fito Páez conmemoró los 30 años de su álbum Giros
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Foto: Bruno Larghero
El Teatro de Verano Ramón Collazo tiene 3.994 localidades, y el miércoles 16 de diciembre no había una butaca libre. Todos estaban allí para escuchar al mayor exponente de la nueva trova rosarina: Fito Páez. No se veía un centímetro de cemento, el piso parecía construido de personas, un suelo viviente.  A 30 años de la presentación de su disco Giros, el show comenzó por el principio, por el primer tema del álbum, el mismo al que debe su nombre.
Las teclas como siempre fueron las indiscutidas protagonistas de la noche: imitaron un bandoneón, hicieron de persecución, acercaron los años 80 y revivieron los 90. Fito cantó sentado en su piano e hizo todos esos movimientos que lo hacen ser el auténtico Fito, gesticuló con sus manos y brazos constantemente. El rey de la kinésica agradeció, se mostró feliz y dijo: “Cómo te quiero, Montevideo”, la primera de muchas palabras de amor. Además del piano principal, sonaron dos guitarras, una eléctrica y otra electroacústica, un bajo, una batería y un teclado doble. Fito se paró y dando saltitos llegó al micrófono ubicado más adelante para cantar el siguiente tema, una dinámica que se repitió durante el show; algunos temas en el piano y otros cerca de la gente, bailando.
Sonó un clásico: “11 y 6″, en el estribillo Fito se acercó a la gente y habilitó la voz popular. El público cantó fuerte y el rosarino gritó: “¿Si no está acá Montevideo, donde estás?”. No faltaron las palmas que tanto le gustan al cantante, palmas con tiempos que él mismo marcó con sus brazos. Si existe puzzle difícil de armar es el publico uruguayo, solo un buen director puede lograr tal organización, y en este caso fue perfecto. El Teatro de Verano parecía una iglesia evangelista en pleno auge, miles de personas aplaudiendo con la mirada fija al frente.
La luna también se asomó para ver, una luna creciente que anticipaba en su aureola los rayos que cayeron momentos más tarde en la rambla y las pocas gotas que activaron al público. El miércoles se cumplieron 30 años de “Yo vengo a ofrecer mi corazón”; la oferta en esta ocasión fue para el  músico uruguayo Lobo Núñez. 30 años de “Narciso y Quasimodo”, un tema con un sonido particular, un tema de rock, donde el batero debe levantar los brazos 50 cm por arriba de los hombros, con un final que provoca casi un peludeo. 30 años de “Cable a tierra”, de Fito y su piano mano a mano, removiendo las tripas.
Sonó un tema dedicado a las guerras de la Malvinas y se escuchó un audio al final del  “hijo de puta del presidente” Leopoldo Galtieri, militar que ocupó por medio de una dictadura sumamente represiva la presidencia de Argentina y llevó a un país entero a la guerra; el audio es claro Galtieri afirma que atacarán a los ingleses, la desventaja militar podía verse desde cualquier perspectiva, la cantidad de jóvenes argentinos muertos y mutilados lo reafirmaron.
“D.L.G”, otro de los temas que estaba cumpliendo aniversario, se escuchó con gran fuerza. A continuación,  un clásico con “Tres agujas”, del álbum Del ’63. Fito anticipó que venía un tema que poco conocen, porque no acostumbran a tocarlo en vivo: “Canción sobre canción”, con el que efectivamente la gente se meció de un lado a otro en silencio. Lo mejor del rock argentino se presentó: “Nunca podrás sacarme mi amor”, con una letra muy vigente: “Pueden vender un país y estar del lado de Dios…”. Luego de esto, Fito pidió que se rezara por Argentina “porque hoy soltó amarras”, y enganchó el tema con “Fanky”, de Charly García, músico de quien supo ser tecladista. “¿Alguien dijo rock argentino?”. El público de pie iluminado por flashes de luces blancas gritó: “¡Goza!”, y Fito comentó: “Que haríamos sin Charly”.
El viento costero se hizo sentir, y cuando Fito dijo extrañar a Spinetta cantó “Vientos de amor”, tema compuesto por ambos que forma parte de un disco grabado en conjunto, La la la. Páez lamentó en voz alta que en la conversión de vinilo a CD este tema haya sido eliminado. Entre las luces y la oscuridad, un técnico arrimó una pailas que el músico hizo sonar con mucho estilo, con lo que dio paso al gran tema “Gente sin swing”, y mientras miraba al público como afirmando la letra cantó: “Y aunque te inviten su mesa, no estarán de tu lado”. El final del tema fue impactante, un sonido de bombo de orquesta que deja al público pensando.
Luego de una hora y media de show, tocó “Dame un talismán” y “Polaroid de locura ordinaria”, al finalizar los temas tiró besos, la gente aprovechó cada silencio para gritar cosas, Fito se rió y movió sus rulos de un lado a otro. El siguiente tema no podía faltar: “Y dale alegría a mi corazón”. El bajista cantó un fragmento de la canción, sonaron palmas, coros, por cursi o cliché que parezca es un tema que pone expresiones de paz en la cara de los espectadores. Fito siguió tirando frases de amor, como “cada vez que vengo a Montevideo me agregan años”, y comenzó a presentar a los músicos. Dijo a qué barrio pertenecía cada uno, si de capital o de alguna provincia, son argentinos y lo dejan en claro al caminar, al hablar y al presentarse. Son rioplatenses y expresaron orgullo por eso. La música se apagó, los músicos se pararon y miraron al público que cantaba a capela: “Y dale alegría, alegría a mi corazón, es lo único que te pido al menos hoy…”. Luego, Fito empezó a pedir la clave del candombe, todos se sumaron y se convirtió en una gran multitud indudablemente uruguaya.
Parecieron retirarse pero volvieron por el bis. Páez se quitó el traje a rayas que hasta el momento llevaba, y con un look mas casual tocó uno de los últimos temas: “El Diablo De Tu Corazón”. Apagaron todas la luces del escenario para que lo celulares iluminaran el tema siguiente: “Brillante sobre el mic”, y finalizando el tema Páez comenzó  a improvisar frases que incluían a la rambla y Montevideo; enganchó con una frase de “Al lado del camino” y con el verso “A ver esos trapos” comenzó a tocar “A rodar mi vida”. La gente revoleó buzos y remeras mientras bailaba.
Durante todo el show, Fito se dirigió a la gente, agradeció, saludó y se mostró afectuoso. Se tomó el tiempo para mirar a la audiencia y recorrer el escenario de punta a punta. Al final, volvió al piano y tocó el cierre de la canción: “Chau, hasta mañana”. Se paró y cuando parece terminar comenzaron los acordes de “Mariposa Technicolor”; un rayo enorme atravesó el cielo y minutos más tarde, Páez hizo el gesto de un director dándole fin a pieza. Se hizo un silencio musical total, solo sonaron aplausos, y a las 23.30, lo único que sonaban son los pasos de la gente camino a la puerta.
Valentina Machado (@ValitaMachado)

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