Columna: el retrovisor del 2014

Pasó el año, hicimos nuestras listas, pero nos quedó una última evaluación en el tintero
2014
Cuando llega fin de año por alguna razón surge la necesidad de hacer una evaluación de los últimos doce meses. No tiene mucho sentido cuando se lo piensa un poco: el reloj marca las 00:00 del 1° de enero y no pasa nada. Todo sigue igual. Pero hay una fuerza natural que lleva los ojos al retrovisor. Es inevitable para la prensa que presta algo de atención a la cultura el hecho de analizar el año que se fue, hacer listas, comentar, quejarse y pedir tres, cuatro, cinco deseos para el año siguiente. En mi caso y en cuanto a música se trata, miro para atrás y veo que difícilmente nos olvidemos del 2014.
El retrovisor de la música uruguaya refleja un año brutal: hubo discos de No Te Va Gustar, La Vela Puerca, El Cuarteto de Nos y Buitres, que sumadas a Trotsky Vengarán forman el quinteto de la realeza del rock de acá, si de masividad comercial se habla. Pero también aparecieron figuras nuevas con propuestas novedosas: además de grupos como El Resto de Nosotros, Atlas o Niñera Nueva Ola, que integran miembros de otros grupos exitosos, se pueden contar a debutantes como Florencia Núñez y su folk pop, el funk de -valga la redundancia- Croupier Funk, Alfonsina y su onda jazzístico-blusero-tanguera, o la especie de countryfolk moderno de Molina y Los Cósmicos.
Del lado de las leyendas, pudimos festejar el regreso de improviso de Riki Musso, Ruben Rada se metió con el tango y Jaime Roos editó una antología en vivo; mientras que por debajo de la línea de lo comercial, internet se consagró como una plataforma de difusión de bandas diferentes, algo que viene creciendo en los últimos años. Desde la Strudl Von Disphonic Orchestra a Julen y la Gente Sola, vieron la luz digital discos y canciones sueltas de grupos incontables y tan variados como Los Mostachos, Mountain Castles, Uoh!, Iván y Los Terribles o Hijo Agrio. Entre medio de los extremos, también destacaron Franny Glass, Martín Buscaglia o Dani Umpi. Es decir: hubo de todo, para elegir y disfrutar.
A pesar de eso, la canción del año escapa a los géneros habitualmente cubiertos por la prensa especializada y la gente cool. 2014 fue también el año en que la cumbia pop plantó bandera en el mainstream, en el lado exitoso de la música. Fue el año en que Vi Em sonó en Radio Disney con su hit “Canta”; en que Marka Akme, una banda con un look y un sonido decididamente menos pop, juntó más de dos millones de vistas en YouTube en un mes. Fue el año en que Marama apareció por todos los programas de televisión con su hit “Loquita”; en que un grupo de plena -El Gucci- y uno de cumbia del interior -Mala Tuya- hicieron videos de gran calidad para Claro y en que bandas nacidas en Carrasco como #Tocoparavos y Los Golden Rocket se metieron en el género y en pocos meses ya hacen giras por el interior.
Fue el año de Lucas Sugo. “5 minutos” fue la canción del año. No desde el punto de vista subjetivo, sino desde el punto de vista de que era más omnipresente que los jingles políticos. Y este año hubo elecciones y hubo Mundial, y nadie se acuerda de la canción de Pitbull y J-Lo, pero sí de “5 minutos”. Te guste o no.
Por otro lado, fines de 2014 se editó 111 discos uruguayos, de Andrés Torrón, un libro espectacular que hace una selección tipo 1001 discos que escuchar antes de morir en versión nacional, con códigos QR para escuchar algunas canciones de cada uno. Pero es un compilado 100% subjetivo, como explicó el mismo Torrón, y no incluye estos últimos géneros tan populares.
Entonces, lo que me genera la evaluación del 2014, lo que veo en el retrovisor, es que en Moog dejamos pasar todos esos fenómenos, que no necesitan de la prensa para funcionar porque nunca la tuvieron de su lado y que no son lo suficientemente buenos para integrar un compilado de lo mejor de la historia. Que son nuestro pop, pero como en Uruguay lo comercial tiene feo gusto, se les tira diario arriba y se trata de que pasen desapercibidos.
La revista española RDL celebró en 2014 su cumpleaños número 30 y realizó una lista de los 300 mejores discos de ese período, para la que le pidieron a más de 100 críticos, periodistas y músicos de renombre que armaran una lista y las combinaron. Uno de ellos, Diego Manrique, que escribe en El País de España, puso en el número 1 a 19 días y 500 noches, de Joaquín Sabina. RDL no lo tuvo en cuenta misteriosamente, y Manrique escribió una columna enojada en respuesta. “Si algo caracteriza a nuestra crítica musical es la incapacidad para tratar el mainstream“, escribía Manrique. “Ese esnobismo explica nuestra irrelevancia, nuestro fracaso total en conectar con el gran público. Leyendo el especial de RDL he tenido la incómoda sensación de que no se trata de un producto español. Procede de un país imaginario, un territorio proteico cuyas fronteras son redefinidas mayoritariamente por medios como NME, Mojo, Pitchfork.“. Autocrítica: en nuestra lista de fin de año tratamos de ser lo más variados posibles, pero caímos en el mismo error.
Lo peor es que si se tiene en cuenta el éxito de géneros populares como la cumbia y la plena en el año pasado, se puede concluir que el 2014 fue todavía mejor año para la música uruguaya. Esos grupos son masivos hasta internacionalmente -la rompen en Argentina- como pocas veces han sido grupos de la Banda Oriental. Y sin embargo ahí siguen: si la crítica musical es un círculo, ellos están por fuera.
En el retrovisor veo, entonces, las ganas de romper los límites del círculo, las ganas de escapar del país imaginario. Veo esas ganas persiguiéndome desde atrás y pidiéndome que lo admita, que tuve “Loquita” pegada como un chicle, que opino que este tema de El Gucci es muy bueno y que no podría hacer una lista de las mejores canciones uruguayas de la historia y no incluir, por ejemplo, “Cumbia tanga” de L’Autentika. Quizá algún día pueda admitirlo. Tengo todo el 2015 por delante.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

One comment

  • Abril  

    Felicitaciones por la reflexión y animarse a compartirla, me parece una excelente auto crítica y un punto para empezar a re pensar aquello que vale la pena ser tomando en cuenta. Salú!

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