El genio que quedó en la sombra

El cincuenta aniversario de la muerte de Felisberto Hernández pasó desapercibido, a pesar de que señala el pasaje de su obra al dominio público y quizá a la popularidad
Felisberto al piano

Imagen tomada de www.felisberto.org.uy

En el hall hay un busto, fotografías de él y de todas sus -muchas- mujeres. Curiosidades varias, libros y una figura a tamaño real tan… real, que a primera vista uno se ve tentado de saludarlo: Felisberto Hernández está tan presente en la vida de Walter Diconca, su nieto, que pareciera estar vivo. Pareciera que todavía no hubiera influido a Julio Cortázar ni a Gabriel García Márquez. Pareciera que todavía sus hijas María Isabel y Ana María no se hubieran distanciado cuando la segunda decidió censurar la obra de su padre. Pero todo eso ya ha sucedido: transcurrieron 50 años desde su muerte el 13 de enero de 1964.

Cuando el reloj marque la medianoche y la gente salga a mirar los fuegos artificiales del 31 de diciembre de 2014, los derechos de autor de la obra de Felisberto pasarán a integrar el dominio público dentro del territorio uruguayo, en que ese beneficio caduca el año en que se cumple medio siglo desde la muerte del autor. Y para los herederos de Hernández, la sensación es ambigua.
La hija mayor, María Isabel, afirma con voz triste que así por lo menos volverá por fin a ver la obra completa de su padre publicada en Uruguay. Por el otro lado, sufrirán una pérdida de ingresos que considera “catastrófica” para la Fundación Felisberto Hernández, a cargo de Diconca (hijo de María Isabel). Para Ana María, es sacarse de encima la responsabilidad de manejar una herencia que por motivos religiosos a menudo siente demasiado pesada, aunque también lamenta perder la ayuda económica. Por más que todos admitan sin ningún problema que Felisberto, en Uruguay, se lee poco y nada. Fuera es una luminaria de la literatura fantástica, un precursor del realismo mágico veinte años antes de que Cien años de soledad fuera escrito.
Diconca cuenta que se ha editado en polaco, en japonés, en griego, en francés, en italiano, en inglés, en danés… Y la lista sigue. La agencia que lo representa es la de Carmen Balcells, una mujer que ha trabajado con siete premios Nobel de Literatura, como Neruda, García Márquez y Vargas Llosa. Además de con Cortázar, Onetti e Isabel Allende. Y ahí, entre ellos, Felisberto.
Una anécdota: un japonés se contactó con la Fundación para comunicar que una frase no tenía sentido, y llevó a Diconca a descubrir una errata de uno de los cuentos en todas las ediciones salvo la original. Un japonés. La académica cubano-estadounidense Ana María Hernández, a cargo de una edición de sus cuentos en español para Estados Unidos, derrocha una serie de elogios por correo electrónico, de esos que inflan el pecho del uruguayo. Y no está emparentada con el escritor. “Felisberto, junto con Calvino, Cortázar, Borges y los cuentos cinemáticos de Quiroga”, escribe la profesora del community college neoyorquino de La Guardia, “es una de las cimas de la literatura fantástica global”. Sigue: “Asisto con frecuencia a congresos internacionales de literatura fantástica, donde el nombre de Felisberto es indispensable”.
Y sin embargo, cuando a la operadora telefónica del Codicen se le pregunta quién podría dar datos sobre la inclusión o no de Hernández en los programas liceales, ofrece primero el teléfono de la inspección de Historia (desde la de Literatura confirmaron que sí, está incluido en el programa de tercer año). Horacio Xaubet, uruguayo y también profesor en una universidad estadounidense (la de Carolina del Norte), hace referencia a la censura que ha impuesto Ana María Hernández (la uruguaya) como causa de la menor difusión de su obra. “Se han negado derechos de publicación que habrían puesto al autor a la altura que le corresponde”, comenta. Diconca está de acuerdo, y pone como ejemplo el 50 aniversario de su muerte, en que en Uruguay no pasó nada.
Una novela gráfica, una compilación junto con Dostoievsky, ediciones en español, inglés e italiano

Una novela gráfica, una compilación junto con Dostoievsky, ediciones en español, inglés e italiano

*

- ¿Cómo es la relación entre tu madre y tu tía?
- Y… Distante –responde Diconca.
Ana María Hernández tiene “razones teológicas”, en palabras de su sobrino, para prohibir la difusión de parte de la obra de su padre. Algunos son cuentos menos conocidos, como “Úrsula”, pero otros, y en particular “Las Hortensias”, están entre las que Felisberto consideraba sus picos. La otra Ana María Hernández, la cubano-estadounidense, llama a esta última una “joya imperecedera” y su obra maestra. Para la Ana María uruguaya, la historia de un hombre que empieza a enamorarse de una muñeca no es representativa del pensamiento de su padre. En una habitación tapizada de libros y decenas de estampitas de santos, vírgenes y Jesuses, la mujer explica que aceptar la publicación de esos trabajos no le dejaría la conciencia tranquila. “Yo le dije a mi hermana que todo lo que pudiera firmar ella sola que lo hiciera”, cuenta.
Hubo veces en que se necesitaba el consentimiento de ambas. Ana María trancó, por ejemplo, la publicación de las obras por la Unesco entre los mejores autores del siglo XX. En otra ocasión, se canceló una exposición ideada junto con el Centro Cultural de España. Desde el CCE comentan que los problemas empezaron enseguida, a pesar de que ellos ya habían realizado exposiciones con otros autores. Y quedó en la nada, porque no tienen planes de retomarlo. Con derechos o sin ellos. Horacio Xaubet cuenta que él mismo tuvo que abandonar la idea de una antología crítica, porque citó a Cortázar (“ese comunista”, se quejó Ana) en la introducción.

*

Desde el balcón de un apartamento en Parque Rodó, María Isabel Hernández alcanza la llave de la puerta con un cable de teléfono para no tener que bajar las escaleras. Una vez atravesada la (casi imposible de abrir) puerta, cuenta que ha pensado mucho en el porqué de la menor difusión de su padre. El entusiasmo por su obra es cada vez mayor, afirma, y ella lo ata a dos aspectos: que Felisberto era un adelantado y que su hijo Walter ha trabajado mucho por difundirlo. Ana María recuerda que su padre pensaba que eso sucedería: “Había pronosticado que pasarían más o menos 50 años antes de que lo reconocieran”.
Si la censura es una posible culpable de la menor difusión, el pasaje al dominio público sería una buena noticia. Pero las editoriales uruguayas no parecen estar interesadas. Criatura Editora es la única con Felisberto en el horizonte, aunque todavía con los derechos pagos: acaba de publicar el compilado Tres novelas longevas, con tres obras primerizas del autor (“Por los tiempos de Clemente Colling”, “Tierras de la memoria” y “El caballo perdido”). Desde Banda Oriental, afirman: “Nosotros hemos publicado mucho. Todo lo que nos interesaba”. Sin embargo, una búsqueda online no encuentra una sola edición de Hernández a cargo de esa editorial, y Diconca explica que solo editaron dos libros a través de El País. Desde Hum, el editor Martín Fernández comenta que la obra circula, por más que es “carísima”, y por eso no tienen planes de publicar nada. El miedo de Fernández es que la caída de los derechos posibilite ediciones de mala calidad. “Espero que no suceda, porque realmente puede terminar en cualquier cosa”, dice.
La mexicana Siglo XXI maneja su obra completa, y tanto desde México como desde la sucursal argentina se asegura que es un escritor demandado, aunque nunca masivo. “Son pocos los ejemplares que se venden, pero de manera constante”, comentan. De la editorial Stockcero, una de las que lo difunde en Estados Unidos, se lamentan de que las ventas son “ínfimas”. Explica Xaubet: más que un autor leído, es un autor estudiado. Sin embargo, desde la editorial argentina El Cuenco De Plata aseguran que Las Hortensias y otros relatos supo ser su libro más vendido y va ya por la sexta edición.
¿Cómo va a sobrevivir la Fundación sin ese ingreso? “Y como sobrevivió hasta ahora: con esfuerzo personal. No hay otra manera”, comenta Diconca. “Nunca tuvimos apoyo ni estatal ni privado, y seguiremos así”. Agrega: “Hoy fui a la calle Felisberto Hernández, de tres cuadras, está a quince kilómetros del centro de Montevideo. Y una callecita de tierra que la cruza es Mario Benedetti. Es como una manifestación de lo que la cultura le importa al país”.
Las hijas no asocian la sombra en que ha quedado su padre con la censura. Ana María habla del rechazo que produjo en los intelectuales de corte izquierda un autor declarado anticomunista. María Isabel, por otro lado, habla de “los felisbertistas” como una categoría de gente capaz de ir más allá del texto y comprender los diferentes niveles de la obra de Hernández. Si bien se ataja (“Él sería el primero en poner el grito en el cielo si se dijera que es para elites”, sonríe ella, en referencia a la educación autodidacta de su padre, criado con muchas dificultades económicas), lo relaciona con una característica psicológica. ¿Cuál es? No puede decirlo. Pero sostiene que algo hay.
Gastón González Napoli (@GastnGonzalez1)

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *