¿Debería una serie ser condenada por su final?

Invitamos al guionista, productor y columnista de TV Martín Otegui Piñeyrúa para hablar de LostHow I Met Your Mother y otras series que vale la pena volver a ver aunque no hayan terminado tan bien como sus fanáticos querían
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“El camino es la recompensa”. La frase pseudo filosófica es de Óscar Tabárez, a quien no por nada le dicen “maestro”; pero por más veces que se la haya repetido y compartido, no deja de ser un concepto extraño para vincular con el fútbol. En la versión profesional de ese deporte, lo que importa en última instancia son los resultados. Si el camino va mal, entonces tampoco va a haber ninguna recompensa, y el propio Tabárez se ha contradicho al hablar de que -al menos en las Eliminatorias- no le interesa tanto jugar bien sino ganar.
Llegar al cuarto puesto de un Mundial, ganar una Copa América: eso son resultados, son llegadas, son finales. No son camino. Sin embargo, lo que más se recuerda de Sudáfrica no es la semifinal contra Holanda ni el partido por el tercer puesto con Alemania, que también fueron dos partidazos; y de la copa del 2011 no es el 3 a 0 con Paraguay. Los más memorables son los encuentros contra Ghana y Argentina, respectivamente. Son la mano de Suárez, el penal errado por Gyan y la picada del “Loco” Abreu; y son la foto de Muslera agachado de espaldas al arco, mientras la pelota pateada por el “Pelado” Cáceres viaja hacia el ángulo del arco albiceleste. Ambos parte del camino y no el resultado en sí. Momentos que lo son todo. Definir cuál es la clave no es tan sencillo.
¿A qué viene este palabrerío en una revista/blog que supo caracterizarse como “sin fútbol ni política”? A un punto que me interesa debatir: ¿cuál es la mayor recompensa en una serie de TV, el camino o el final? Recientemente miré Lost por primera vez (y escribí esto sobre la temporada debut), en contra de recomendaciones de amigos y profesores que la habían mirado mientras estaba al aire y se habían sentido tan decepcionados que ahora la odian. El final de la serie de Damon Lindelof y Carlton Cuse (co-creada por el adicto al trabajo de J.J. Abrams) es… problemático. ¿Pero debería eso anular todo lo construido?
Para discutir de esto invitamos a Martín Otegui Piñeyrúa, excolumnista de series en Montevideo Portal y rabioso defensor del final de Lost.
Martín: “Problemático” resulta sin dudas un buen adjetivo para describir el final de Lost. Sobre todo para aquellos fanáticos que, después de inyectarse la serie como droga durante seis largas temporadas, imaginaron un final que solamente podía materializarse en sus cabezas. Soñaban con que esta hermosa travesía, signada por la emoción y el misterio, concluiría con una especie de manual aclaratorio para corazones helados. Pero ese hubiese sido el más grande error, el que los creadores de la serie vigilaron no cometer.
Gastón: El propio Lindelof admitió que considera que el peor episodio que hicieron fue “Across The Sea”, en el que trataron de explicar el origen de Jacob y el Monstruo de Humo, porque visto con el diario del lunes consideraba que era demasiado explicativo.
Por otro lado, esta vez por casualidad, me reencontré con una serie que vi mientras estuvo al aire y con cuyo final me decepcioné tanto que la barrí debajo de mi alfombra mental: How I Met Your Mother. La sitcom terminó en 2013 y rutinariamente entra en las listas de los peores cierres de la historia de la TV; sin dudas con razón, ya que sus responsables creativos destinaron insólitamente una temporada entera a un único fin de semana y luego quemaron todo lo que habían sembrado a lo largo de nueve años, en la segunda mitad del último episodio. Pero al volver a verla como se suelen mirar las sitcoms, en repeticiones sin ningún orden en algún canal de cable, redescubrí su brillantez y su originalidad. Recordé qué la hacía grande, y entendí que el final, al menos en su caso, puede suponer una mancha pero no una condena a muerte.
Martín: El final de How I Met Your Mother es terrible porque no es verosímil. Mal que bien, uno veía las historias de los otros Friends y las sentía cercanas. Situaciones que, con más o menos exageración, nos han pasado a todos. Pero lo que sucede en el final, con todas esas volteretas de guion totalmente aparatosas, no puede más que disgustar y hacer enojar (de verdad, con gritos y piñas a la pared) a todos los que nos fumamos a Ted y compañía.
A partir de acá, alerta de SPOILERS.
Gastón: Tal cual. Aunque siempre tendremos el final alternativo. Volviendo atrás, digo que el final de Lost es problemático pero en realidad lo es toda su sexta y última temporada. La serie se caracterizó desde el principio por una estructura novedosa compuesta por flashbacks al pasado de los personajes fuera de La Isla, y le movió el piso a todos los fans cuando sin aviso esa ventana al pasado se convirtió en flashforwards hacia el futuro. En la sexta Lindelof y Cuse se animaron a dar un paso más e inventaron el “flashsideways”, es decir que en vez de saltar hacia atrás o hacia delante empezaron a saltar hacia el costado, a lo que parecía en un principio ser una realidad alternativa de los mismos personajes.
Martín: Contar una historia mediante flashbacks, sumar luego los  flashforwards y finalmente enfrutillar la torta con los flashsideways fue de los aportes más renovadores e influyentes de Lost a la televisión moderna.
Gastón: Sí, pero por cómo lo plantearon en la primera secuencia del primer capítulo, “LA X”, todo indicaba que el flashsideways era una línea de tiempo posible gracias a la bomba nuclear que los protagonistas habían hecho explotar en los últimos instantes del final de la quinta temporada. Sin embargo, en “The End”, se revela que esa aparente realidad alternativa no está ocurriendo en paralelo a los sucesos en La Isla, sino que supone algo posterior a la muerte de todos los personajes: lo que se ve allí es una suerte de Purgatorio, y una vez que casi todos lo comprenden logran cruzar hacia la luz brillante y salir de allí. En mi opinión es un poco demasiado, incluso para un show que supo darle al mundo al Monstruo de Humo, pero también es emotivo, prioriza a los personajes por sobre los misterios -que a veces daban demasiadas vueltas sin ir a ningún lado-, y es una decisión valiente de parte de Lindelof y Cuse, que intentaron dar un paso más allá hacia lo desconocido. Tiene que quedar claro que este final no significa que los personajes ya hubiesen estado muertos en las temporadas anteriores ni que la propia Isla fuese el Purgatorio. Para que quede claro: NO ESTABAN MUERTOS DESDE EL PRINCIPIO. El propio Lindelof se ha cansado de aclararlo. Pero que haya tenido que hacerlo tantas veces es señal, justamente, de que el final es problemático.
Martín: Para hablar de este punto me gustaría contar una anécdota personal. Tuve la fortuna de ver el capítulo final de Lost con mi primo Luispe, que es licenciado en Matemática y por lo tanto mucho más inteligente que yo. Ni bien aparecieron los créditos de cierre, y cuando yo todavía estaba intentando procesar lo que acababa de ver, Luispe resumió todo en un par de frases: estaban todos vivos cuando cayeron a la isla, lo que sucedió en la isla fue real, luego cada uno fue muriendo a su tiempo y en el final se reencontraron en el cielo. Listo, no hay más misterio. O sí, pero en otras partes. Con esta anécdota quiero decir que aunque no creo que las series tengan que ser entendidas solo por mentes brillantes (como la de mi primo) acepto humildemente que pueda haber otras personas que también hayan entendido el final de Lost sin necesidad de que Lindelof se desviviera en un podcast. Y si queremos abrir una discusión sobre la entendibilidad del cine y la televisión, yo arrancaría por David Lynch y David Simon. O las Wachowski. Pero nunca por J.J. Abrams trabajando para la cadena ABC.
Gastón: De todas formas esas discusiones no le restan magia al resto de la serie. “The Constant”, de la cuarta temporada, es de lo mejor que ha dado la televisión nunca, con sus saltos en el tiempo y el cénit de la relación más romántica del show, entre Desmond y Penny. Ni que hablar de episodios anteriores como “Walkabout” (en el que se revela que John Locke está en silla de ruedas y se presenta al mundo el “Don’t tell me what I can’t do!”), “Through The Looking Glass” (el de “Not Penny’s Boat”, la introducción de los flashforwards y el imborrable “We have to go back!”), el arranque demente de la segunda temporada con “Man of Science, Man of Faith”, y el propio piloto que lo comenzó todo. También la exploración cada vez más en profundidad de una mitología riquísima a partir de la quinta temporada, que es una recompensa constante para los seguidores. Y cualquier escena musicalizada con “Life and Death” del compositor Michael Giacchino. ¿Todo eso queda anulado por el final?
Martín: Coincido con todos esos momentos que destacás, y podría sumarle muchos más. Creo que la primera temporada de Lost es de las cosas más soberbias que dio la televisión y justo en el momento en que la televisión lo necesitaba. ¿O alguien piensa que Netflix sería el fenómeno que es hoy si no fuese porque unos años atrás todos en todo el mundo vimos al mismo tiempo Lost?
Como vos bien decís, he gastado los mejores años de mi vida en defender el final de Lost ante críticas tan bien fundamentadas como “es un bolazo”. Y para no aburirr, voy a reiterar mi argumento favorito: vimos Lost porque nos gustaba no entender. Como el niño que cree que el mago puede hacer aparecer un conejo de una galera. El problema, (problemático, de nuevo) es que siempre hay niños que en vez de disfrutar del truco están todo el cumpleaños intentando descubrir el doble fondo de la galera.
Gastón: La conclusión a la que puedo llegar yo es que sí, claro que los finales son importantes, pero no necesariamente definen a la serie. True Detective no es menos interesante en lo global -solo su primera temporada, de la segunda basta con escuchar las canciones de Lera Lynn y este temazo del finado Leonard Cohen (Q.E.P.D.); de la historia mejor no hablar- porque su final no haya estado a la altura de las expectativas imposibles que había generado. Por algo se generaron esas expectativas: porque lo que venía antes era excelente. ¿Sería una mejor serie si ese último episodio se hubiera manejado mejor? Obviamente. Pero no pasa a ser mala, sobre todo cuando el capítulo en sí está bien construido. Hay quienes critican el final de Breaking Bad , y nadie podría recomendarle a otra persona que no vale la pena mirarla. La clave de las series es el viaje. La llegada es, muchas veces, anecdótica.
Ahora, si la pregunta en cuanto a Lost es qué es la Isla, entones lo lamento: Abrams y Lindelof dedican tres párrafos a responder esta pregunta en el documento con el que vendieron el proyecto a la cadena ABC, y aun así tampoco aclaran qué es. Otro misterio a la lista.
Por Gastón González Napoli y Martín Otegui Piñeyrúa

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