Deadpool: todo lo que un héroe no puede ser

Tras años de tire y afloje con el estudio Fox, Ryan Reynolds se viste de rojo y negro para llevar a la pantalla a Deadpool en su estado más puro con una película llena de sexo, violencia e irreverencia generalizada. El año más cargado de superproducciones basadas en cómics comienza de forma muy prometedora
DEADPOOL
Puntaje: 8.5
El personaje de Wade Wilson fue introducido por primera vez en la pantalla grande en X-Men Orígenes: Wolverine, pero gracias a Dios esta nueva película es consciente de que esa versión del personaje no es la que el público esperaba ni merecía. Siete años después, y luego de una etapa de preproducción que parecía no iba terminar nunca, Ryan Reynolds -fanático del personaje de los cómics de Marvel y quien lo había interpretado en esa versión fallida- vuelve a ponerse en la piel de Wilson y su alter ego Deadpool en una versión que difícilmente podría ser más fiel a su material de origen.
En el contexto actual de las películas de superhéroes que suceden una tras otra con cada vez más conexiones entre ellas y personajes que algunos nunca esperaron ver en los cines, Deadpool es realmente un caso especial. La película fue producida con un presupuesto limitado ya que su condición de no apta para menores significa que sus ganancias no tendrán los números de otras franquicias como Los Vengadores. Esto que en principio parecería una desventaja resulta ser el mayor superpoder del filme, gracias a la siguiente relación: a menor riesgo financiero mayor libertad creativa. Siguiendo con el ejemplo de Los Vengadores: la secuela La Era de Ultrón fue una apuesta de US$250 millones en la que el estudio forzó a su director a tomar decisiones seguras en lugar de explorar territorio nuevo. El resultado: un éxito financiero –relativo, porque no ganó tanto como se esperaba- que deja un gusto a poco fuertísimo.
Deadpool tiene un par de limitaciones -de eso, más adelante-, pero se nota que el estudio depositó una confianza sin precedentes en este guion pese a su naturaleza ofensiva, perversa y bizarra en el sentido más literal de la palabra. Estamos hablando de protagonistas que se alejan ampliamente del concepto de héroe; no solo Deadpool, sino también su interés amoroso, su mejor amigo e incluso una vieja ciega que funciona como su mentora y compañera de convivencia. No hay filtro para la violencia que se ve en pantalla ni para el enorme flujo de comentarios políticamente incorrectos que salen de las bocas de todos los personajes, pero sin duda con un mayor caudal de la boca de Deadpool.
Se trata de un hombre que es diagnosticado con un cáncer terminal y que decide someterse al programa Weapon X, el mismo por el que Wolverine consiguió sus huesos del metal ficticio adamantium. En los cómics, este proceso deja a Deadpool loco, y eso lo convierte más en un antihéroe que en un héroe propiamente dicho, además de que se trata de un mercenario y no de un hombre pulcro en la línea del Capitán América. En la versión de X-Men Orígenes: Wolverine, Deadpool tenía increíblemente la boca cosida, cuando su característica particular son los disparates que dice justamente porque está loco. El director debutante Tim Miller y Reynolds consiguen esta vez una versión mucho más cercana a la que los fans esperaban.
Otro elemento que separa al personaje de cualquier otro superhéroe que ande en la vuelta -y que tiene que ver con su locura- es que Wilson es consciente de que está en un cómic –y en este caso una película-, por lo que constantemente rompe la cuarta pared y habla directamente con el público, haciendo referencia a otras películas, los clichés de los superhéroes y demás elementos de la cultura pop. Recursos parecidos se han usado en películas como 21 Jump Street y Los Muppets, así como en la serie House of Cards; pero en este caso es especialmente bien recibido si uno es fan del género cinematográfico de los superhéroes. Aun sin tener tanto conocimiento sobre estas películas, Deadpool sigue siendo una comedia extremadamente efectiva. Personalmente, nunca había visto una película recibir tantas risas desaforadas y tan constantes como en Deadpool. Algunos momentos fueron incluso acompañados con aplausos. Cabe destacar que el humor varía entre el chiste fácil –pero del que te vas a reír igual-, las referencias constantes y las observaciones inteligentes.
Sin embargo, Deadpool se ve limitada de otra manera al ser necesariamente una historia de origen. Puede estimarse que la película ocurre mitad en forma de flashbacks y mitad en el tiempo presente saltando de una línea temporal a la otra. Esto es ejecutado de la mejor manera posible y es obviamente relevante para el personaje, y sin embargo deja al espectador con ganas de un poco más del mercenario ya formado en su totalidad. También se nota el presupuesto reducido en los escenarios y escenas de acción.  Hay dos grandes secuencias que comprenden la mayoría de la acción en la película y, aunque son inmejorables dentro de sus limitaciones, también hacen a uno pensar de lo que sería capaz este director con muchos más billetes en su poder.
En resumen, Deadpool es un película de superhéroes que voy a querer ver repetidas veces y cada vez que la vea tendré que fijarme en que no anden niños en la vuelta. Ideal para gente que disfrute del género pero esté algo agotada de lo previsible, Deadpool es la prueba de Hollywood todavía puede romper sus restricciones.
Juan José Torres Negreira

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