Daniel “Lobito” Lagarde: jazz, candombe y Totem

El próximo martes a las 19:00 horas, el contrabajista Daniel “Lobito” Lagarde se presentará en el Festival de Jazz de Montevideo con el grupo Monk n’dombe. En MOOG aprovechamos la oportunidad para charlar con él sobre sus proyectos y por qué siente una desconexión con los más jóvenes
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Monk n’dombe está formado por el saxofonista Héctor “Fino” Bingert, el percusionista Jorge Trasante y el contrabajista Daniel “Lobito” Lagarde. Este martes en la Sala Zavala Muniz interpretarán algunas de las composiciones del músico de jazz Thelonious Monk, en busca de adaptarlas al candombe.
De cara al recital del martes, nos encontramos con Lagarde para charlar sobre el legado de Monk en el jazz, su experiencia como parte del mítico grupo Totem, The Rada’s Old Boys (el álbum homenaje a Ruben Rada), cómo fue tocar cara a cara con músicos como Joe Pass, y la manera en que ve a la escena del jazz de hoy en día.
¿Cómo surgió la idea de adaptar el repertorio de Thelonious Monk al candombe?
Yo suelo tocar un repertorio jazzístico con Héctor “Finito” Bingert, Alberto Magnone y Jorge Trasante. Un día estábamos en un ensayo en la casa de Trasante y en un momento me empezó a hablar de un tema de Thelonious Monk y dijo algo como: “Se le puede hacer una cosa medio latina, ¿no?”. Ese comentario me quedó como la mosca en la oreja, como dicen los españoles. Después me puse a pensar: “¿Y si intento llevar algunos temas de Monk a una onda candombera?”. Así que cuando llegué a mi casa me puse a escuchar algunos de sus temas para ver cómo hacerlo.
¿Recordás cuál fue el primer tema que adaptaste?
La verdad que no, pero arrancamos a ensayar con “In Walking Bud”. Con ese tema vamos a abrir el martes. Incluso le hago una introducción con el bajo de “Biafra” [de Totem]  para hacer una especie de guiñada. A “In Walking Bud” le encontré una onda de candombe, así que inmediatamente pensé que podrían haber otros temas de Monk que se presten para adaptarlos. Seguí escuchando y finalmente logré reunir nueve temas.
Lo llamativo es que se van a presentar sin piano, ¿cómo planean reemplazarla presencia del instrumento?
El pianista con el que siempre tocamos es Alberto Magnone, pero como ahora está muy ocupado con un libro que va a sacar sobre “La Cumparsita”, le pregunté a Trasante: “Che, Jorge: ¿y si lo hacemos a trío pelado?”.
Al adaptar la música al candombe, rítmicamente cambia la cosa. Está la línea melódica del tema y la armonía, por eso en el bajo trato de rellenar lo más posible para que el concepto armónico no se pierda. Lo importante es que la música de Monk se convierte en otra cosa: respetamos sus composiciones pero le damos otra personalidad. También hay que tener en cuenta que el hecho de que el creador de esos temas sea un pianista no quita que uno no lo pueda versionar de otra manera, inclusive sin piano.
¿Cuál creés que fue el legado que Thelonious Monk  dejó en el jazz?
Monk dejó un legado enorme. Es una de las grandes figuras del jazz, uno de los grandes creadores. Para mí hay algunos grandes del jazz que son inevitables. Así como algunos clásicos como Duke Ellington y Count Basie, Monk era un pícaro. Él vivió en épocas en que todavía el lenguaje del jazz era complejo, pero a la misma vez no te podías salir de los patrones. En el bebop había un virtuosismo enorme, pero Monk tenía una forma tan especial al momento de componer y de tocar que no se basaba en el virtuosismo ni en la cosa tan académica, pero su música tenía una creatividad y un feeling impresionante.
A Monk lo puedo comparar con Eduardo Mateo, que era un tipo que, a partir de todo lo que venía de la bossa nova y de la música oriental, creaba su mundo. Monk estaba viviendo en la época del bop y creaba su propio mundo.
Cambiando de tema, ¿cómo fue que entraste a Totem?
En ese momento yo estaba laburando en una orquesta estable en el Canal 10 y tocaba seis días por semana. Yo ya conocía a [Eduardo] Useta y a [Ruben] Rada a través de mi hermano Antonio y mi padre Dante. Ellos venían de Brasil, de estar con Manolo Guardia, y en esa gira se les ocurrió formar un grupo; así que cuando volvieron a Montevideo, no sé cómo, alguien les habló de mí y fueron al Canal 10 a buscarme.
Me acuerdo de que yo estaba en el ensayo de la tarde y vinieron los dos y me dijeron: “Mirá, vamos a hacer un grupo y nos gustaría que vos formaras parte”. En ese momento yo había agarrado el último coletazo de El Kinto, que en realidad no era El Kinto porque ya no estaba Mateo, pero sí los músicos: Luis Sosa,  Walter Cambón, “Chichito” Cabral. Yo ya estaba ensayando con ellos y le íbamos a poner otro nombre por respeto a Mateo. En el momento en que me hablaron de Totem la idea era “vamos a ensayar todos los días”, así que como laburaba mucho por otros lados tuve que dejar lo otro, que parecía más divagado, para empezar con Totem, que parecía algo más claro.
Aparte de mi trabajo profesional, empecé a ensayar todos los días con Totem. Trabajamos muchísimo y armamos muy bien la cosa, por eso en el escenario era muy impactante.
¿Qué conocimientos sentís que el jazz le da a un músico?
Para mí, el jazz equivale a la música clásica del siglo XX. Es lo máximo a nivel musical: tenés que tener buena técnica, tenés que tener conocimientos académicos enormes en lo armónico y en la composición. Es una música muy rica que luego te permite acercarte a otros estilos más básicos e incorporarle todos los elementos que vienen del género.
En Totem éramos todos músicos que venían del jazz, salvo “Chichito” Cabral que no estaba en esa onda pero no desconocía el lenguaje. Ahora que pienso, el “Gordo” [Enrique] Rey tampoco, pero yo lo traje a la banda porque nos hacía falta un tipo rockero para que le diera esa garra que quizá nosotros solos no hubiéramos alcanzado.
Pasando al disco The Rada’s Old Boys: ¿cómo surgió la idea de hacerle un homenaje a Rada en versión jazz?
Cuando volví a Uruguay hice un homenaje al disco Kind of Blue de Miles Davis con los arreglos originales y armé una banda. Luego armé un grupo que se llamó Take Five, con todas composiciones mías. Cada año se me ocurría hacer una cosa distinta, y un día estaba tocando con Ricardo Nolé a dúo y le digo: “Che, habría que hacer un homenaje a Rada”.
Ricardo me dijo que tenía algunos arreglos escritos pero que no daba como para tocarlos solamente con piano y bajo, así que pensamos en poner a un baterista. Ahí pensé: “Ricardo fue un pianista impresionante en una época de Rada muy importante”. El baterista puede ser Nelson Cedréz, que hace veinte años que toca con Rada, y luego estoy yo que toqué con él en Totem. Entonces nos juntamos con la idea de hacerle un homenaje a Rada pero con tres músicos que tuvimos mucho que ver con su carrera.
¿Cómo definirías a la escena del jazz de hoy en día?
La verdad es que la desconozco. Hay un tema generacional que lamentablemente hace que no nos mezclemos. Cuando yo era chico y tocaba, quería conocer el lenguaje de los veteranos porque se aprendía con eso. Actualmente no me parece que vaya por ahí la cosa, no veo curiosidad por parte de los jóvenes de contactarme. Si a esa edad hubiera conocido a un músico que tocó con Joe Pass, Lionel Hampton y con toda la gente con que yo toqué, estaría desesperado por conocerlo. Pero eso no pasa, entonces me parece que es una falta importante.
Mirá que ésta es una cuestión que no solamente pasa acá en Uruguay. La otra vez en Facebook un gran músico argentino que vive en Nueva York escribió que le pasó lo mismo: decía que volvió a Buenos Aires con la idea de compartir sus conocimientos con los jóvenes y que no le dieron mucha pelota. Y yo noto más o menos lo mismo acá. Recuerdo que cuando llegó “Fino” Bingert de Suecia me dijo que no tenía ningún alumno. A mí me llama mucho la atención y creo que es una lástima.
Además no noto, por ejemplo, que cuando vamos a hacer nuestras cosas de jazz vayan otros músicos a escucharnos. Todo lo contrario a lo que pasaba cuando yo era jovencito: nosotros estábamos desesperados por escuchar a los veteranos. Queríamos aprender de todo aquel que supiera un poco más que nosotros.
Tal vez sea porque internet genera la facilidad de conseguir las obras y uno prefiere escuchar de ahí…
Me parece que tenés razón, igualmente no es lo mismo que el contacto directo con la otra persona. Mirá que también está difícil la cosa para el músico. Yo viví en Francia muchos años y estábamos bárbaro: cobrábamos nuestro caché, todo funcionaba bien. Tuve que volver a París por un tema de papeleo y jubilación hace tres años y me encontré con excelentes músicos que están pasando por una situación difícil. Si van a tocar a algún lado, ellos mismos tienen que hacerse la publicidad y encargarse de todo porque los locales no se preocupan. Así que lo que nosotros nos quejamos acá también pasa en otros lugares.
¿Cuáles son los mejores recuerdos de tu estadía en Europa?
Uno de los mejores recuerdos los tengo de Joe Pass. Con él tocamos varias veces frente a frente. Lo que toco de guitarra de jazz lo aprendí de él. Él era un tipo de lo más generoso, le gustaba que nos juntemos porque yo tocaba bossa nova con la guitarra. Yo tocaba los acordes y él improvisaba arriba.
Justo que estábamos hablando de las cosas que se pierden por no acercarse al otro…
Claro, imaginate que hubiese ignorado la oportunidad de estar tocando frente a frente con Joe Pass. ¡Jamás tocaría un montón de acordes que ahora sé gracias a él! [se ríe].
¿Cuáles tus planes para lo que queda del año?
Ojalá que podamos tocar en otros lados con el grupo Monk’ndombe, así que si surge gente interesada, ¡vamo’ arriba! También estoy en otro proyecto sobre una música de Erik Satie [compositor de música clásica]. Quiero hacer unas variaciones jazzeras pero con la obra clásica también. Mi idea es adaptar una obra de Satie de tres partes: la primera parte tocada por un dúo de piano y contrabajo, luego esa misma parte interpretada como una variación para trío de jazz y así sucesivamente los tres movimientos.  Lo hablé con Carlos Weiske, que creo que es uno de los mejores contrabajistas para esto, y le encantó la idea. La semana que viene tengo una reunión con el pianista Diego Goldsztein, así que si tengo a los músicos para hacerlo, la semana que viene empiezo a trabajar.
Por Rodrigo Guerra (@RodrigoGuerra96)

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