Crónica demasiado personal de una noche con los Rolling Stones

La banda de Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts se presentó en un Centenario protagonista de la historia del fútbol y le dejó un pedazo de la del rock
182a664e96328ae156afbd7aa4f0e47a
Al principio me preocupé. Quizá haya sido que el sonido no me impactó de arranque todo lo que pensé que me iba a impactar. Quizá haya sido que me había tomado toda mi agua afuera durante más de una hora de fila y adentro ya no quedaba, por lo que no estaba del mejor humor cuando había más de 30 grados. Quizá haya sido que me parece demasiado cliché y obvio el arranque con “Start Me Up” e “It’s Only Rock And Roll” (y me acuerdo de Richards quejándose en According to The Rolling Stones, el libro en que ellos mismos cuentan su historia, que si por Jagger fuera arrancarían siempre con esos temas pero al resto de la banda no le gustaba… ¡No se deja ganar al cantante megalómano, Keith!). Cualquiera haya sido la razón, incluso no me copé con “Tumbling Dice”, una de mis canciones favoritas de los Stones. En una de esas fue que la gente a mi alrededor no la cantó tanto o si ya estaba sugestionado, nervioso por la posibilidad de que uno de los grupos que más marcó mi adolescencia me decepcionara. Hasta que llegó “Out Of Control”.
El bajo de Darryl Jones, que hasta ese momento no se había escuchado en primer plano -al menos desde donde yo estaba, más o menos en la mitad de la cancha- empezó a cobrar vigor y adelantó lo que sería un pedazo de solo en “Miss You”, que impactó incluso a quienes no suelen apreciar la belleza del instrumento de cuatro cuerdas. Jagger sacó su armónica y por primera vez rivalizó con el doble encare guitarrero de Wood y Richards, que empezaban a entrar en calor. Después llegó la energía tremenda de “She’s So Cold”, con la adición de que era el tema que yo había votado. “Wild Horses” trajo la emoción, Richards se lució con su viola imitando al sitar que supo tocar Brian Jones en “Paint It Black” y “Honky Tonk Women” volvió a subir la velocidad antes de que Jagger presentara uno por uno al equipo y le cediera el foco a Richards para un par de temas.
Ahí se dio el que para mí fue el primer momento mágico de la noche, con “Slipping Away”. Los solos de Wood fueron de otro planeta, y la balada del Steel Wheels generó un momento de trance, que no pudo opacar la más bien olvidable “Can’t Be Seen With You”, el segundo tema que cantó Keith. Y eso que no cantó ninguna de mis favoritas suyas, que vendrían a ser “Thru and Thru”, “Before They Make Me Run” y “Happy”, en ese orden: Richards es el rock personificado, con su sonrisa de travieso y su incapacidad de ser demagogo como Jagger. “Es bueno estar acá… O en cualquier lugar”, tiró en un momento. Si se hubiera puesto a tararear sin decir nada también la habría pasado bien.
La seguidilla de canciones que vino luego fue insuperable. “Midnight Rambler” se estiró durante algo así como diez minutos de piques de blues, armónica y guitarras, una de las mejores versiones de un tema en vivo que he presenciado; “Miss You” tuvo el momento estelar de Jones ya dicho, además de su ajustadísimo disco-rock; con “Gimme Shelter” la sacaron del estadio, “Brown Sugar” fue pura alegría, “Sympathy For The Devil” fue un éxtasis absoluto y “Jumpin’ Jack Flash” una explosión de energía.
En “Gimme Shelter” se lució Sasha Allen, la corista que sustituye a la histórica Lisa Fischer: cuando caminó hacia adelante para los versos que originalmente le correspondieron a Merry Clayton -una de las performances vocales más espectaculares de la historia del rock, a pesar de su brevedad-, tuve un instante de miedo por lo que pudiera pasar, pero Allen la rompió, estuvo a la altura y más. Y lo de “Sympathy For The Devil”… Con solo escuchar la percusión cerré los ojos y ni siquiera me di cuenta de que Jagger había entrado con un tapado rojo (cuando finalmente los abrí y se lo vi en la mano no entendía mucho). Estuve erizado el tema entero, por más que el solo de viola no fue exactamente como lo había imaginado. Un último apunte sobre la seguidilla: “Jumpin’ Jack Flash” es un arranque mucho mejor que “Start Me Up”.
Ahí se vino el corte, los cánticos de la gente en reclamo de la banda, y los bises: el coro Rapsodia cumplió un papel sensacional para “You Can’t Always Get What You Want” y el cierre con “(I Can’t Get No) Satisfaction” y el pogo más grande de que somos capaces los uruguayos. Eso vale comentarlo: el público tuvo sus problemas por falta de costumbre de grandes shows de rock, como cuando en las tribunas hicieron la ola de un modo vergonzoso o cuando los aplausos perdían el ritmo, pero en general no decepcionó. No fue como en el recital de Kiss el año pasado, que prácticamente dio vergüenza. La gente cantó casi todas las canciones y con emoción palpable de estar viviendo algo histórico. Al menos donde yo estaba, no hubo tampoco problemas entre la gente.
Un párrafo aparte merece Mick Jagger. Toda la banda está en un estado óptimo para su edad, desde Charlie Watts y su imparable batería a Wood, Richards y músicos contratados de más edad como el enorme Chuck Leavell. Pero lo de Jagger es impactante. Está entero, bailando a solo unos metros como tantas veces lo habíamos visto en video. Y es un showman increíble, desde su raconto de lo que habían hecho la noche previa -Charlie se tomó un par de etiqueta negras, Ronnie se comió un chivito, escucharon candombe, caminaron por “la midnight rambla”- a una mención a Suárez, otra a Gardel, al Maracanazo y un “¡vamo’ arriba, bo!”. Pero además, tiene la voz intacta. Podrá estar un poco más grave que en su juventud, podrá recostarse más que antes en los coristas, podrá esquivar las notas más largas, ¿pero alguien ha escuchado cantar a Bob Dylan últimamente? De verdad es admirable que Jagger tenga las cuerdas vocales en el estado en que las conserva después de 50 años de carrera grupal y solista.
Sí, el setlist fue obvio. Podrían haber pateado afuera más de un tema para sacudir el Olé Tour, que joyas no le faltan al grupo por ningún lado. Pero a la salida, más allá de que como no se retiraron del todo los vallados se hizo lento y algo peligroso -la más mínima estampida en el camino entre las cabeceras y la Olímpica habría sido fatal-, la sensación era de haber presenciado un pedazo de la esencia del rock. Conservado en el tiempo como si estuviera sumergido en ámbar. Y hoy, cuando puse “Sympathy For The Devil”, se me llenaron los ojos de lágrimas.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

2 comments

  • flor  

    No mr gustan los ROLLINGS, pero al leer tus comentaris, fue como si los conocieram si estuviera alli, y termine erizada.
    FELICITACIONES, GASTON, UN GRANDE

  • Marcelo  

    Impresionante tus comentarios sobre el espectaculo de una banda de rock que mantiene nivel durante tantos años, lo cual no me sorprende.
    Lo que si me sorprende es la profesionalidad, conocimiento y relato tan amplio, que sin yo personalmente haber estado en ese evento, Sr. Gaston Gonzalez despues de haber leido tu reportaje me deja una sensacion de haber visto tal recital directamente en la television.
    Felicitaciones por tu profesionalidad y dedicacion en una profesion tan complicada.
    Gracias

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *