Charlas con la industria: Casa Editorial Hum

A veces parece que en la literatura uruguaya siguen sobresaliendo los mismos autores desde hace décadas sin que haya un renovación verdadera a nivel masivo. ¿Es una percepción o es así realmente? ¿Qué se puede hacer para mejorar?
Para hablar de estos temas ya charlamos con Alejandro Lagazeta, dueño de Criatura Editora y La Lupa Libros, y ahora con Martín Fernández, de Casa Editorial Hum y Estuario Editora
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¿Cómo definirías el estilo de Casa Editorial Hum y Estuario?
Son dos editoriales distintas con las que tratamos de marcar la cancha con diferencias estéticas y de lineamiento de autores en una y en la otra; laburamos a gusto y sin darle mucha importancia a quién publica dónde. De hecho Estuario, que para muchos es el sello menor de Casa Editorial Hum, tiene el doble de títulos y casi el triple de facturación; a nivel de línea estética, si bien tratamos de diferenciar, para nosotros es lo mismo. Dos frentes de ataque distintos. Siempre en busca de nuevos lectores y tratando no de imponer pero de sugerir autores que a nosotros nos gustan desde la editorial. No somos una editorial comercial, si bien lo comercial es lo que hace que la empresa siga viva. Nos interesa.
¿Qué las diferencia del resto de las editoriales?
Es una editorial independiente, en cuanto a independencia económica, en cuanto a gustos, ideológicamente. Poder publicar lo que se te da la gana simplemente porque tu apuesta va por ese lado. En ese sentido somos más largoplacistas que otras empresas editoriales. Y está buenísimo recoger frutos al tiempo porque son satisfacciones personales de “no remé tanto al santo botón”. Me refiero a autores como Polleri, que nosotros abrimos la editorial en el 2007 con él y ver que siete, ocho años más tarde al loco se lo está publicando en México, en Francia, en distintos países de Latinoamérica. Lissardi que fue publicado en Israel, lo publica Planeta en Argentina. Ver ese tipo de desarrollos de autores y de obra también está buenísimo. Tarda tiempo.
Este ciclo de entrevistas comenzó con la discusión por el presupuesto del ICAU. ¿Te parece que falta apoyo estatal también en la literatura?
Siempre se puede hacer más, no es que falten cosas. Lo que es notorio su falta es -si bien está lleno de carreras, cursos y hasta licenciaturas- todo lo que tiene que ver con la gestión cultural. El otro día me decían que acá no hay grandes campañas de impulso a la lectura, pero sí las hay, con gente de los medios, periodistas, bien pensado para la masa, para la tele y la radio. Se pueden pensar otras campañas que complementen eso.
¿A nivel económico?
Hay muchos apoyos, hay becas para los autores; algo que lamenté que desapareciera dentro de los fondos concursables era la categoría de investigación, porque permitía a un escritor, periodista, historiador poder dedicarle un tiempo pago a investigar un tema y no depender de regalías de derechos de autor a la hora de cobrar. Después venía esa parte de “si se vendió, bárbaro, agarro algún mango; si no, de última mi investigación ya la cobré”. Nosotros no nos podemos quejar, porque muchos de nuestros autores son premiados por la dirección de Cultura, por el Ministerio de Educación, por el Books From Uruguay, por el Bartolomé Hidalgo. En cuanto a apoyos, no andamos haciendo lobby, no hay un área de Relaciones Públicas en la editorial para ir a golpear puertas y pedir plata. Como editorial nunca nos presentamos ni a fondos concursables ni a fondos de incentivo. Sí el Estado debería tener a su disposición más gestores culturales.
¿Y en cuanto a la difusión? A veces parece que desde el Estado se sigue dando impulso a los mismos autores.
[Suspira] Creo que de a poco se va tendiendo a un cambio en ese sentido. Las caras que salen a representar a Uruguay siempre son las mismas. Yo confío en un cambio paulatino que está habiendo, una renovación; nosotros no nos podemos quejar porque nos toca de cerca. Ya no son esas personas de siempre, esos autores de siempre los que nos representan. Está habiendo un cambio no en el paradigma de elegir a los autores, quiero decir no en la cabeza de cómo nos ven de afuera sino en “estos son los autores que nos interesa que nos representen”. Siempre van a pedir a los mismos cuatro o cinco que más o menos sobresalen. Está bueno irrumpir y cambiar la pisada. Pero ya te digo: no nos podemos quejar porque sin ir a pedirlo constantemente nos están pidiendo que autores nuestros representen al país.
¿Y en cuanto a los medios? ¿La literatura tiene la difusión suficiente?
Lo mismo, no nos podemos quejar.
Justo Casa Editorial Hum tiene mucha relación con La diaria.
Ponele que un 98% de nuestros libros salen en La diaria, es que nuestro público también es el de ellos. Medios que le hablen a otro público… No nos podemos quejar porque cada uno tiene que ser consciente de qué es lo que tiene entre manos. A veces tenés un libro que decís “esto es tele”. Ahora salió el libro de la Borinquen y era obvio que tenía que estar en todos los canales, en la radio y no tanto prensa escrita. Dicho y hecho. También hay un tema de confianza de con quiénes trabajás, que es lo mismo que con los lectores: si tratás de trabajar una obra con un medio y el tipo no te cree, si le fallaste un par de veces, ya no te da bola. Hay un tema de credibilidad con los lectores, a nivel de prensa, una empatía en cuanto a gustos de lectura y a qué público nos estamos dirigiendo. Por ahí le reclamo a la prensa más productores, porque no tienen tiempo de leer todo lo que les llega. Lo justifico por ahí: cuando no te dan bola con un libro es que están atosigados de material, se publica mucho. Sacar la cabeza de ahí y que lo tuyo sea notorio porque realmente está bueno frente a otras cosas…
Las páginas de cultura ya no son de cultura, son de espectáculos, y hay medios en los cuales ya ni siquiera es eso: ya pasan a cosas tan superfluas y vanas que es “entretenete”. Si fuera “espectáculos” me la fumo, y ojo que “cultura” es tan amplio que podrías meter a los espectáculos adentro. Ya sabés qué esperar de cada uno, sabés que hay periodistas que solapean, que leen la contratapa antes de una entrevista, y hay otros pocos con los que sabés que no vas a quedar pegado con el autor.
¿Falta crítica?
Es clarísimo. De todos modos, la crítica que más se necesita es la de los lectores. Se lee muy poco. Para afuera somos todos de una intelectualidad altísima los uruguayos; no hay una valoración de la literatura nacional y por eso en todo caso se reclaman lectores. Acto seguido, devoluciones, críticas, como pensamiento, como reflexión. Aunque en definitiva la crítica literaria tampoco vende. Está bueno para el autor. Una cosa es la difusión por difusión, “salió este libro”, y otra cuando a ese libro se lo piensa. Faltan esos espacios: de pienso sobre obras culturales, literarias. Pero vamos para atrás: son muy pocos los espacios de difusión de la cultura como para encima exigir que exista crítica. Para que haya una devolución ya es “me estás pidiendo demasiado”. Los reseñistas son muy pocos, el resto son solapeadores. Gente que abre el micrófono, lee la contratapa, hace tres, cuatro preguntas chotas y que el autor hable de su libro.
Esto de que se lee poco, te referís más que nada a autores nacionales, ¿no?
Sí, claro. Se lee mucho ensayo, mucha historia nacional, y a nivel de ficción, mucho autor extranjero. Lo que se lee a nivel de autor nacional es no ficción. No tengo números…
Pero es bastante evidente. ¿Y en Casa Editorial Hum pasa lo mismo?
Totalmente. Pasa que nuestro fuerte es la ficción y por ahí se nota menos. Pero lo ponés pelo a pelo y se vende más.
Sigue habiendo producción de ficción muy buena, pero a veces parece que no tiene la misma llegada.
Nos quejamos porque somos piojos, porque querés vender mil ejemplares. Cuando vendés 350 decís “no me leyó nadie, pero para ser ficción nacional no está mal. Lamentablemente son esos piojos números. Después hay diez autores que te venden 2.000 ejemplares; no les pidas más. Los de no ficción ya compiten para Libro de oro, venden 7.000, 8.000.
¿Es un tema de idiosincrasia o de deficiencia en la difusión?
Capaz que pesan las dos cosas.
En otra época se leía mucha ficción nacional. Benedetti…
Esos siempre están: los Benedetti, los Rosencof, los Burel. Esos autores que son diez y venden mucho. Siempre estuvieron.
Son los mismos desde hace años.
No, no, han cambiado. Benedetti murió y fue como un alivio. No pasó nada. No sé en el exterior, pero acá Galeano murió y no fue que se fueron para arriba los números. Mirá Levrero: todo lo contrario. Murió y se fue al carajo para arriba. Explotó. Y estos popes que ya venían allá arriba murieron y te puedo asegurar que bajaron. Ni siquiera se mantuvieron.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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