Buscando a Dory tiene que cumplir expectativas imposibles y casi lo logra

Su antecesora está demasiado arriba en la lista de las mejores películas animadas de la historia como para hacerle frente; sin embargo, poner a Dory en el centro es un riesgo que resulta acertado en una película valiente y con tintes de tristeza
dory nota
Puntaje: 8.5
El anuncio de que Pixar estaba realizando una secuela de Buscando a Nemo no cayó tan mal como el de que producirían Cars 3 -una confirmación más de que hasta una de las casas cinematográficas más creativas no escapa al mercantilismo-, ni con las mismas dudas que provocó la mera idea de Toy Story 4 -la trilogía es demasiado perfecta y cualquier cosa que venga se anticipa como peor-. Pero sí trajo cierta sensación de que el estudio de la lamparita estaba enredándose en la secuelitis que afecta a Hollywood y que de las ideas novedosas que antes sacaban a diestra y siniestra ahora estaban cortos. Finalmente, los fanáticos pueden quedarse tranquilos: Buscando a Dory no es lo que se dice una joya del cine, sin embargo sí está al nivel del altísimo estándar con el que hay que medir a Pixar.
Si esta crítica no le da nueve puntos a la película se debe a su final, que se hace un poco tirado de los pelos, incluso dentro del universo interno de peces que hablan. De todas formas no supone una gran mancha en el total: Buscando a Dory es un filme tan alegre y lleno de energía como esa protagonista llena de buenas intenciones que se robó Buscando a Nemo. Pero su mayor logro es que va más allá de eso y se mete con el problema mental que Dory sufre -pérdida de memoria a corto plazo- con una seriedad sorprendente, sin miedo a empaparse de sonrisas tristes; envuelto todo en un paquete de ternura que grita “Disney” a los cuatro vientos sin que eso tenga nada de malo.
Se ha analizado a esta obra como un gran retrato de lo que es para un padre criar a un hijo con una discapacidad mental, y el análisis es más que válido. Dory va reviviendo su infancia a través de recuerdos dispersos que la impulsan a realizar la búsqueda del título, la de su propia infancia y de cierta forma su propia identidad. Así se da inicio a la trama, que la lleva una vez más junto con Marlin -y esta vez también junto con Nemo- a cruzar el océano y arriesgarlo todo. En esos recuerdos y en la reconstrucción que Dory hace de su vida mientras va encontrando las piezas del puzle que le faltan -es recomendable mirar la película en su idioma original y disfrutar de la actuación vocal de Ellen DeGeneres a medida que eso sucede- es donde está la magia de la película. Ver en flashbacks cómo los padres crían a la pequeña pez azul de ojos gigantes es de una mezcla tal de alegría y dolor como solo podrían conseguir los creadores de Intensa Mente.
Quizá no haya personajes secundarios tan memorables como Crush, la tortuga suaaave, ni los tiburones que trataban de ser amigables ni tampoco como la propia Dory; de todas maneras, el pulpo Hank y un grupo de leones marinos con acento británico están más que a la altura de las circunstancias. Hablando de personajes secundarios, a diferencia de otras películas basadas en ellosBuscando a Dory no sucumbe bajo el peso de dotarle protagonismo a quien no lo tenía originalmente. Y Marlin, que antes estaba en el centro, se adapta bien a cumplir el rol de apoyo.
Las películas de Pixar son 17, y el estudio liderado por el increíble John Lasseter -que a la vez y de manera imposible dirige la revolución en los Walt Disney Animation Studios, que con trabajos como FrozenZootopiaRalph el demoledor Grandes héroes le hace la competencia en cuanto a calidad creativa a su compañía hermana- se ha ganado a base de obras maestras el que no se espere menos que eso. Buscando a Dory no es una obra maestra. No entra ni siquiera en el top 10 de Pixar. Es que para entrar en esa categoría hay que romper con todo. Pero es una secuela más que aceptable para Nemo, y una perla más en el collar del estudio y del cine de animación en general.
Ah, y no hay que perderse Piper, el corto que se proyecta antes de la película y que es una maravilla técnica, con una animación hiperrealista descomunal, y que como siempre hace reír con una sencillez que no por eso es simple.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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