Bloodline: Con la sangre en las manos

Netflix sigue apostando a producir contenido original para sacarle más ventaja a los servicios de cable convencionales. El gigante de internet responsable de House of Cards y Orange is the New Black se la juega otra vez al drama con Bloodline, una serie que explora los límites entre el bien y el mal en el marco de una familia llena de secretos y traiciones. ¿Es un paso más en la consolidación de Netflix como productora original, o el final de su racha de éxitos y primer punto de declive?
bloodline
Puntaje: 8
El último proyecto original de Netflix se llama Bloodline y sigue la historia de los Rayburn, una familia influyente de Los Cayos, Florida, que a simple vista parece ser la familia modelo -salvo por la siempre presente oveja negra-, pero una mirada en profundidad descubre varios secretos y traiciones debajo de la perfección superficial.
El detonante de la serie es la reunión en homenaje a Robert y Sally Rayburn, que trae consigo el regreso de Danny, el hermano inadaptado que abandonó el nido y solo vuelve cuando tiene hambre. A partir de ahí se desencadena una serie de descubrimientos y sucesos que cambiarán las vidas de todos los integrantes de la familia.
Bloodline juega mucho con los saltos en el tiempo tanto hacia adelante como hacia atrás. El encanto es esencial en los primeros capítulos cuando muestra a los personajes como ángeles en el presente para luego revelar que en un par de semanas estarán del lado de los demonios. Por otro lado, los saltos para atrás revelan secretos en la infancia de los protagonistas que moldearon sus distintos destinos. Los creadores de la serie usan el recurso para generar misterio y luego explicar las acciones de sus personajes, como lo hacía Lost, pero en menor cantidad a medida que avanza la serie.
Estos elementos mantienen interesante un show que por momentos puede resultar algo pesado debido a que hay mucha construcción de personajes para darle dimensión a cada uno de los hermanos Rayburn. También puede resultar algo melancólica y bajonera: estamos hablando de una serie que se toma su drama muy en serio. El ambiente de Florida -cálida pero nublada, incómodamente húmeda- ayuda a enmarcar perfectamente la atmósfera de Bloodline.
La serie es obra de Todd A. Kessler, Glenn Kessler y Daniel Zelman, creadores también de Damages, quienes escribieron los primeros cuatro capítulos y los últimos dos también. Aquí reside mi principal problema con la temporada: se nota. Los primeros cinco capítulos los vi en un solo día, pensé que había encontrado la sustituta perfecta para House of Cards; sin embargo no fue así. Los siguientes episodios empezaron a perder la calidad narrativa, sobre todo el foco. Quizá es que la construcción de personajes me resultaba más fascinante que las acciones posteriores de los personajes, pero se puede sentir que la serie se pierde un poco en el camino para luego encontrarse en el final.
De cualquier manera, aún hay algo que redime todos esos capítulos entre el cuarto y el penúltimo: el elenco y más específicamente Ben Mendelsohn como Danny Rayburn. En un elenco donde hay gigantes como Kyle Chandler (Friday Night Lights, El Lobo de Wall Street), Linda Cardellini (ER, Freeks and Geeks) o Sissy Spacek (Big Love, Carrie), Mendelsohn se roba todas las miradas. Es que Bloodline es la historia de Danny: se promociona como si el personaje de Chandler fuera el protagonista pero está claro que el que carga con toda la serie es Mendelsohn. Sorprendería no escuchar el nombre del actor entre las nominaciones para el Emmy 2015, así como sorprendería no verlo conseguir cada vez más trabajo a raíz de esta actuación. El retrato que logra construir es excelente, un personaje dañado desde la infancia que creció para ser golpeado una y otra vez por la vida hasta convertirse en el villano perfecto para esta historia, y sin embargo el espectador nunca termina de odiarlo del todo.
El resto de los personajes también tiene su complejidad, pero nunca se la aborda en la profundidad con la que se trata a Danny. El más cercano es John (interpretado por Chandler) el hermano policía que parece éticamente intachable y termina descubriéndose como un ser humano más. Es entendible que se lo venda como el protagonista ya que es lo más parecido a un héroe que hay en la historia; sin embargo, está muy lejos de ser un héroe. Como lo dice el mismo personaje en el capítulo uno, y lo que es también una de las taglines de la serie: “No somos malas personas, pero hicimos algo malo”.
Un último comentario sobre el final de la temporada y el posible futuro de la serie. Lo que viene revela literalmente todo el final de la serie así que se advierte  habrán muchos spoilers. En la última escena de la temporada se revela que Danny tenía un hijo en lo que parece ser un cliffhanger para un temporada dos donde este hijo investigue la muerte de su padre. A medida que avanzaba la temporada me fui convenciendo de que Bloodline probablemente iba a ser una serie de antología como True Detective o American Horror Story, donde cada temporada cierra la historia para dar paso a otra completamente distinta. Todo apuntaba a eso porque, como dije antes, Bloodline es la historia de Danny y esa historia llego a su fin. No sé si estoy interesado en una temporada 2 sin Danny donde además John sea el antagonista como una especie de Dexter Morgan que va ir tapando sus huellas hasta que lo descubran en el final de temporada. Personalmente no me interesa porque creo que es el único rumbo que pueden tomar, pero estoy dispuesto a ser sorprendido.
Toda la primera temporada de Bloodline está disponible en Netflix, son trece capítulos cuya duración oscila entre los 45 y 50 minutos.
Juan José Torres Negreira

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *