Aquel segundo abrazo

Aquel Abrazo dio revancha y tras la suspensión por lluvia del pasado sábado se cerró la fiesta más grande del año
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Foto: Verónica Zulian
Luego de varias horas de especulaciones y negociaciones por parte de los organizadores del evento con la Intendencia de Montevideo, el lunes 14 en la tarde se informó que Aquel Abrazo tendría una nueva oportunidad para completar su grilla, tras la suspensión del sábado 12 sobre la medianoche por las lluvias intensas que dejaron más de la mitad de los espectáculos sin realizarse.
La condición para ingresar al predio en esta segunda instancia era haber conservado la entrada en un estado más o menos decente (que fuera legible el logo del evento era suficiente, se aclaraba desde la organización), o comprar un nuevo ticket a mitad de precio. La alfombra de entradas deshechas que cubrían el suelo el sábado de la suspensión dejaba en claro que iban a haber muchas personas que se quedarían afuera de la revancha, y eso se hizo evidente cuando al comenzar la fiesta los 40.000 m2 del predio quedaron enormes para la concurrencia escueta. De los cinco escenarios grandes, varios boliches, DJs y performances que redondeaban multiplicidad de espectáculos simultáneos, se pasó a dos escenarios, tres o cuatro DJs y algunos artistas itinerantes que recorrían el predio. La reducción de las ofertas por lo menos restaba dudas y uno tenía la certeza de que al elegir una propuesta no había cuatro o cinco igual de tentadoras en la vuelta.
A pesar de esas reducciones, la música terminó ganando la pulseada y tanto el público como los propios artistas agradecieron la posibilidad de la revancha tras la frustración de la semana anterior.
Las atracciones principales volvieron a estar en los escenarios grandes, donde a las 20 horas en el Explanada salió a tocar El Congo para los cientos de madrugadores que llegaron al comienzo de la jornada. El dron comenzó a dar vueltas por un cielo que esta vez se presentaba completamente despejado y prometía que nadie se iría con caras largas. La oferta gastronómica volvió a estar a la altura y las instalaciones higiénicas fueron ágiles en sus esperas.
Mientras el sol terminaba de ocultarse y la mayoría del público continuaba ingresando a las canteras, arrancó el show de Hablan por la Espalda. El comienzo de los liderados por Fermín Solana fue con “Calor en el pecho” del disco Macumba (2009), y fue este disco y el Sangre (2015) los que nutrieron de canciones a los treinta minutos del show.
La media hora dejó gusto a poco: la banda no llegó a afianzarse y el público no terminó de entrar en calor. Solana pareció advertirlo cuando invitó a seguirla más tarde en la Ciudad Vieja, en referencia a la Fiesta de la Reconquista donde cerrarían la noche junto con Hotel Paradise.
Entre show y show había varios minutos que permitían recorrer las canteras con tranquilidad y pasar de la electrónica a una comparsa con ritmos brasileros, y hasta algún bar que ya se animaba a pasar las primeras cumbias de la noche.
Un poco antes de las 21hs, en el Escenario Lago arrancó el toque de la Triple Nelson. El trío comenzó unos minutos antes de lo pactado para robarle un par de canciones al reloj. “Agua y sal”, del disco homónimo, fue la elegida para salir pisando fuerte. A esa altura, acostumbrados a lo preciso de los horarios, había poca gente en el Lago, pero en tres o cuatro canciones aquello desbordaba de público. La banda tocó varios temas de su último disco, La sed, presentado este lunes en Coutinho Music por los propios integrantes de la banda, y pasó del hard-rock al blues, sin dejar de mantener la intensidad y la complicidad de la gente, que pogueó cuando había que poguear y escuchó con atención cuando el momento lo ameritaba.
El vocalista y guitarrista Christian Cary recordó que el próximo enero la banda cumplirá 18 años de trayectoria “contra viento y marea”, según dijo, y alentó a todos los jóvenes que tengan bandas a no bajar los brazos. No faltaron los clásicos como “Verde”, “Para abrazarte” y el cover de Fernando Cabrera “La casa de al lado”, pero para cerrar tocaron “Sin tu ángel”, a la que le injertaron un fragmento de “Another Brick In The Wall”, el clásico de Pink Floyd, para concluir con la gente a sus pies.
Tras el show de La Triple, el carnaval se hizo presente a través de un grupo de cabezudos que recorrió el predio de punta a punta, bailando y tomándose fotos con quien se acercara. Además, un par de murgas jóvenes armaron círculos y lanzaron algunas coplas al Dios Momo.
Ya entrada la noche y cuando comenzaba a desplomarse la temperatura, se escuchó “La marcha imperial” en el escenario Explanada, hecho que nada tuvo que ver con el reciente estreno del Episodio VII de la saga más taquillera de la historia, Star Wars, sino con la costumbre de Trotsky Vengarán para anunciar el comienzo de sus shows. La Trotsky hizo lo que sabe hacer, punk rock, y obligó a aquellos que habían recurrido a la campera a quitársela nuevamente para formar parte del agite.
Con el sello inconfundible de su humor y la provocación constante al público, tocaron parte de sus últimos discos en la primera media hora y dejaron los clásicos para el final. “Historias sin terminar”, “Sataman” y “Tu lugar” fueron algunos de ellos, tras lo que se retiraron del escenario y provocaron la demanda de la gente por el bis, que llegó algunos segundos después con “Un beso y una flor”, cover inoxidable de Nino Bravo que acompaña a la banda desde hace 20 años.
Si el toque de La Triple Nelson arrancó temprano y tomó desprevenida a la concurrencia, el de Cuatro Pesos de Propina se hizo desear un poco, y eso que fue una de las bandas más convocantes de la noche. El show estaba previsto para las 2:30, pero al ver que se acercaban las tres y aún no había movimiento en el escenario, la gente empezó a corear en reclamo de la banda. Con el flamante DVD Muerto pero vivo al hombro, los Cuatro Pesos salieron a tocar esa música un poco inclasificable, que puede ir de un reggae a una salsa y de un bolero a un ska, pero siempre con el amor y la alegría como banderas. Dieron un espectáculo movido con el que generaron distintos climas, desde el pogo en “Ea ea apepe”, al baile en “Náufrago” y hasta lograr que toda la audiencia se sentara y generara un momento íntimo con “Glu glu”.
Los delicados acordes de esta balada contrastaban con el doble bombo y las distorsiones que tenían lugar en el escenario del Lago, donde ReyToro comenzaba a cerrar la noche. La banda liderada por “chupete” Furtado empleó casi toda la hora que tenían para tocar en presentar su último disco, III. El novel disco tiene el sello del toro: canciones crudas y directas como su corte “Finisterra” o “Hacha” poblaron el set, además de la clásica balada que matiza cada disco, en este caso llamada “Sol”. Mecharon “Caminando” del II, y siguieron con “Guacha”, dedicada a las metaleras. En este momento se podía ver en las pantallas gigantes recitales con pogos formados íntegramente por mujeres.
La caterva, como se denominan los seguidores de ReyToro, le hizo el aguante al grupo a pesar de haber pasado largamente las 4 de la mañana y de que el frío, más allá de diciembre, se metía en el cuerpo. Los últimos dos temas desataron el agite generalizado, primero “Carne” y luego “Peste”, tema con el que suelen cerrar los recitales. La caterva pedía una más y se vio clarito el gesto de “Chupete” hacia el costado del escenario pidiendo permiso, pero ya eran casi las 5 y había que bajar el telón.
Así se cerró la accidentada fiesta. Debido a la lluvia de la primera fecha quedaron las bandas internacionales sin tocar y la Abuela Coca y el colectivo ¡Nosotros Estamos! pudieron tocar solo algunos minutos. Para aquellos que se quedaron con ganas de ver al colectivo, tendrán su oportunidad el miércoles 23, en la Sala del Museo, con entradas populares a $150.
Rodrigo Justo

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